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Aplicaciones, productos y tendencias.
Cómo no perderse en la selva del software actual.

Por Núria Almiron


Hace tiempo que quería escribir un artículo sobre necesidades, aplicaciones y soluciones informáticas porque he detectado en mi entorno que unas y otras no siempre encajan como deberieran. Las personas no siempre utilizamos las cosas adecuadas para satisfacer nuestras necesidades. Esto ocurre en todos los campos. Muchas veces es difícil, y requiere de muchos esfuerzos, averiguar qué producto es el más apropiado para solucionar nuestro problema de entre todas las marcas y fabricantes existentes en el mercado. ¿Quien no se ha comprado nunca un producto que no necesita o se ha apuntado a un curso equivocado? Si esto es bastante normal en ámbitos mucho más universalizados y asimilados que la informática, es de esperar que en este campo la confusión y el equívoco estén a la orden del día. El Macintosh, por su entorno intuitivo y accesible es proclive a generar usuarios “todo-terreno” que realizan las tareas más increibles con las herramientas más inadecuadas.

Si los programadores levantaran la cabeza...

En mi entorno de trabajo y de amigos he podido detectar que es bastante común la existencia de una cierta dificultad para escoger los programas adecuados para las tareas que requerimos realizar. Así, no es nada extraño encontrarse con personas que utilizan una hoja de cálculo como base de datos e incluso hay quien llega a utilizarla para escribir cartas, y es muy habitual ver cómo mucha gente se empeña en utilizar aplicaciones sofisticadas, que no necesitan, para escribir un simple texto (los programas de compaginación y maquetación son especialmente requeridos para esto). Los motivos de esta tergiversación de los usos del software pueden ser diversos y aquí avanzo algunos sin ánimo de exhaustividad:
o En muchos casos, la utilización de programas inadecuados para hacer determinadas tareas se debe exclusivamente a que el usuario no dispone de otra cosa. No hay que olvidar que muy poca gente puede comprarse todos los programas que cree que necesita y que lo más habitual es que pase el primer año, o incuso más, de compra del ordenador con el modesto programa que le regalaron con la máquina (aunque ahora empieza a ser habitual que se regalen paquetes integrados y, si es ClarisWorks, ya tenemos mucho solucionado). Es decir, utilizar la hoja de cálculo como base de datos no es una cuestión de vocación sino de necesidad, cuando no se tiene otra cosa a mano.
o También la multiplicidad de funciones de muchos programas ayuda a este improvisado uso que se hace de ellos. Cada vez es más frecuente que los programas dedicados a funciones concretas incorporen algunas prestaciones sencillas de programas de otro tipo. Por ejemplo, podríamos mencionar un programa muy conocido de dibujo que tiene opciones de procesador de texto, un popular procesador de texto con opciones para gráficos, dibujo y maquetación o un programa de maquetación con importantes opciones de procesador de texto, diccionarios incluídos. La flexibilidad y versatilidad del Macintosh incrementan, a su vez, las posibilidades de sacarle el provecho más increíble a todo.
o Despues, y no menos importante, está la cuestión informativa. Es imposible que cualquier usuario normal conozca bien y a fondo todos los tipos de aplicaciones que existen en el mercado y cuales van a adecuarse más a sus necesidades. El problema es triple: ¿qué hay en el mercado? ¿para qué sirve? ¿qué empresa vende el mejor producto?
o Y, finalmente, tampoco hay que menospreciar el papel que juega nuestro ego en esta historia. ¿A quién no le gusta explicar que utiliza un programa de conocida complejidad y sofisticación en lugar de una herramienta más modesta y sencilla (¡que muchas veces resulta ser justo lo que necesitamos, más barato, más rápido y un ahorro de memoria y espacio!)?

Qué necesitamos, qué hay y para qué sirve

En la práctica, esta utilización improvisada del software redunda en una pérdida de eficacia en nuestro trabajo y un desaprovechamiento de la función real de la aplicación que podría evitarse, o al menos paliarse, si llegáramos a tener una clara percepción de simplemente dos cosas:
1) Qué necesitamos.
2) Qué hay disponible en el mercado.
Para lo primero, cada uno debe ser consciente de sus necesidades, pero, para lo segundo, tal vezyo pueda ayudarles con algunas orientaciones.

Principales tipos de aplicaciones actuales

En el mercado actual, prácticamente hay aplicaciones para todo tipo de funciones. Incluso las más específicas y que requieren de aplicaciones a medida, si son buenas y cumplen con su cometido, acaban comercializándose y extendiéndose en el sector hasta llegar a ser una especie de “estándar” en el mismo. Pero el mercado masivo que verdaderamente crea estándares que venden millones de copias abarca principalmente a los siguientes tipos de aplicaciones:

a) Procesadores de texto: también denominados programas de tratamiento de textos, son las aplicaciones más utilizadas por los mortales y, como su nombre indica, permiten crear y editar textos. Hay procesadores de texto con opciones mínimas pero suficientes y que se caracterizan principalmente por su facilidad de manejo y su rapidez (la poca sofisticación acostumbra a ir de la mano de una mayor velocidad y de menores requisitos de memoria y de espacio en el disco duro). Y hay otros, cuya gama de opciones es tal que traspasan la frontera del mero tratamiento de textos para incorporar funciones propias de hojas de cálculo o de programas de maquetación. Todo ello, evidentemente, va unido a una mayor complejidad en su utilización y a exigencias de memoria y de espacio en disco muchísimo mayores que en procesadores más sencillos, por no hablar del precio. Actualmente los principales procesadores de texto para Mac existentes son: Mac Write Pro y WriteNow entre los más sencillos y MS Word, WordPerfect y Nisus entre los más complejos.

b) Hojas de cálculo: estas aplicaciones tienen como principal función gestionar todo tipo de datos y la consecuente realización de cálculos. Acostumbran a tener prestaciones importantes para gráficos y tablas. Mucha gente los utiliza como base de datos por su facilidad de trabajar con campos pero la administración de fichas y registros no es verdaderamente la función para la cual han estado diseñados. Las principales hojas de cálculo para Mac en el mercado actual son: Excel y Lotus 1-2-3.

c) Bases de datos: estas aplicaciones tienen como misión la gestión de datos. Con ellas, podemos organizar y combinar la información de tal manera que podamos localizarla a partir de cualquiera de sus elementos. Hay que distinguir entre dos tipos de bases de datos. Las primeras serían las menos complejas y destinadas al gran público. Su manejo es relativamente sencillo y el entorno del Mac ha tenido siempre alguna u otra de este tipo para los usuarios no profesionales (quién no recuerda el primer File). En la actualidad, bases de datos de este tipo son FileMaker Pro, la integrada en ClarisWorks o 4D First (la versión sencilla de 4D).
El otro tipo de bases de datos son ya propiamente lenguajes y hay profesionales expertos en su manejo que trabajan con ellas para dotar de soluciones a medida a los usuarios. Se trata de Omnis, 4D, FoxPro, Cause o Helix, por nombrar algunas de las más conocidas.

d) Programas de autoedición: la autoedición es el nombre que en su momento recibió la edición profesional a través de ordenador (a través de Mac, de hecho, pues fue en este entorno donde nació el concepto). Con estas aplicaciones se pueden componer documentos con textos, gráficos y efectos diversos para confeccionar revistas, libros, folletos publicitarios, periódicos, etc. Su manejo ha estado habitualmente limitado a los profesionales que trabajan en estos sectores pero su creciente facilidad de uso, especialmente de alguno de ellos, los ha acercado al usuario menos especializado pero que que en algún momento puede necesitar realizar algún tipo de composición de textos (aunque más de un procesador de textos puede solucionarnos el problema si no queremos hacer demasiadas virguerías). Sus precios, sin embargo, ya son otra cosa. Los más comunes son Aldus PageMaker, QuarkXPress, Ready, Set, Go y FrameMaker.

e) Programas de prestaciones gráficas: en este apartado incluyo básicamente dos tipos de aplicaciones: los programas de ilustración o dibujo, por un lado, y los que permiten el tratamiento y manipulación de imágenes, por otro. Los primeros permiten realizar ilustraciones y dibujos con todo tipo de efectos y pueden trabajar con imágenes formadas por puntos (mapas de bits) o con formato PostScript. Algunos de los ejemplos actuales más conocidos son: Aldus Freehand, Adobe Illustrator, MacPaint, MacDraw, Painter y Canvas. Los programas de tratamiento y manipulación de imágenes pueden retocar y modificar con toda suerte de efectos imágenes digitalizadas. El más conocido es Photoshop aunque ahora empiezan a surgir alternativas que parecen estar a su altura como QuarkXPosure o XRes (de los que presentamos un adelanto en este número) o PhotoFix.

f) Los paquetes de software integrado: estos paquetes incorporan versiones más modestas de diferentes tipos de programas de entre los más utilizados, habitualmente un procesador de texto, una hoja de cálculo y una base de datos. En la práctica, estas aplicaciones cubren casi la totalidad de las necesidades de la mayor parte de usuarios no especializados. En estos momentos, en el mercado hay varios paquetes de este tipo siendo, sin duda alguna, el de Claris el más extendido y utilizado. ClarisWorks (¡muchos usuarios lo obtienen de regalo con la compra de su máquina!) es un gran paquete que incluye opciones de procesador de texto, hoja de cálculo, base de datos, dibujo, pintura y comunicaciones. Las prestaciones que incluye cada una de estas opciones son más que suficientes para la gran mayoría de nosotros, siempre y cuando nuestro ego nos permita reconocerlo...

g) Las utilidades: las utilidades son pequeñas aplicaciones destinadas a funciones muy concretas. Hay miles de ellas y pueden ir desde programas para la gestión del escritorio, para la optimización de alguna función del sistema, aceleradores, reparadores de discos, salvapantallas, compresores, hasta extensiones de todo tipo. Programas de utilidades muy conocidos para el Mac son NortonUtilities, RamDoubler, NowUtilities, ResEdit, DiscCopy, Darkside, StuffIt Lite, MacTools, Disinfectant, MacErrors, MacCheck, y un sin fin de ejemplos más.
Vale la pena también mencionar otros programas que, a pesar de no tener una difusión tan masiva, son muy populares: me refiero a los programas de presentación multimedia de entre los cuales HyperCard fue el gran precursor. Director y Authorware forman parte también de este grupo de herramientas de autor que podríamos definir como de programación de muy alto nivel (es decir, de programación sencilla, a niveles más bajos, mayor dificultad).
En definitiva estos son los principales tipos de programas que podemos encontrar en el mercado y es importante elegir el más adecuado para cada uno de nosotros porque, de lo contrario, cada vez que abramos la aplicación estaremos pagando con tiempo, eficacia y dinero todas las opciones que no utilizemos. Pero también es cierto que esto parece ser cada vez más difícil. Un análisis rápido de la situación delata que las aplicaciones líderes en el mercado no son precisamente las más sencillas. En la mayoría de ámbitos, los programas más vendidos no son precisamente los más modestos y numerosos estudios han demostrado que la gran mayoría de los usuarios no aprovechamos más allá del 20 o 25% (siendo muy optimistas) de los mismos. Sin embargo, todos nosotros soportamos el creciente espacio en disco y de memoria que esta especie de mastodontes devoran.

Las nuevas tendencias de la arquitectura del software no van por ahí

Paradójicamente, parece que las tendencias futuras están en contradicción con la dinámica de crecimiento de este tipo de productos. Por un lado, las aplicaciones tienden a incrementar diametralmente sus opciones y prestaciones incorporando progresivamente características y funciones propias de otros programas en cada versión y, en consecuencia, tienden a aumentar sus exigencias de máquina y sistema. Sin embargo, por otro lado, parece claro que esta dinámica no puede continuar y que las tendencias globales apuntan hacia otros caminos. No tiene sentido que las aplicaciones solapen sus funciones en una carrera trepidante de incorporación de cada vez más opciones. Al final, todas acabarían haciendo de todo y, ya en estos momentos, los requisitos que exigen están completamente en discordancia con las configuraciones reales de la gran mayoría de ordenadores actuales.
Las tendencias futuras apuestan por arquitecturas abiertas o de componentes y por la desaparición de las aplicaciones tal y como las entendemos ahora. En el futuro no se desarrollaran aplicaciones “auto-suficientes” y monolíticas como las actuales sino componentes interrelacionados y configurables. Así, cuando queramos confeccionar por ejemplo un catálogo ya no necesitaremos utilizar diversas aplicaciones y importar y exportar las diferentes partes del catálogo entre ellas. En lugar de ello, partiremos de un documento y, sin salir del mismo, iremos llamando a las sucesivas herramientas que necesitemos sin movernos de él y sin necesidad de exportar ni importar nada. La forma de trabajar dejará de estar orientada a las aplicaciones para estar centrada en el documento.
Todo esto puede parecer muy futurista y en verdad es muy reciente. Los primeros indicios de esta tecnología nacieron con Publicar y Suscribir en el sistema 7 de Apple en 1991 y han seguido con Drag and Drop en el 7.5. La definición de OpenDoc muestra la apuesta clara que la compañía de la manzana está haciendo por este nuevo diseño del software que cambiará la forma en que trabajamos con los ordenadores. Sin duda alguna, la complejidad del cambio impone plazos largos para que podamos ver la total implementación de esta arquitectura. Pero los pasos en esta dirección son firmes y serán cada vez más rápidos, especialmente si tenemos en cuenta que Microsoft pretende volver a ganar la partida imponiéndo su propia versión, como siempre mucho menos ambiciosa, tecnológicamente hablando, que la filosofía impulsada por Apple pero que aprieta con fuerza para dominar el mercado.
Se dice que en el próximo gran cambio de versión del sistema del Macintosh, Copland, que se espera para 1996, esta arquitectura ya estará completamente integrada. El futuro está pues a la vuelta de la esquina, los grandes mamuts del software actual tienen los días contados. Pero lo más importante es que esta nueva revolución sigue la línea trazada por el Mac desde 1984 en su intento de universalizar la informática amiga. Ello, estoy convencida, ayudará a solventar las confusiones, la dificultad y la complejidad por la que se mueve el actual mercado del software y todos nosotros.

Publicado en MacFormat nž 2, mayo 1995