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Tú, Un Mac, El mundo

Un gran mercado para el Mac en Boston

Por Núria Almiron


La visita a una de las dos MacWorld Expo que anualmente se celebran en los Estados Unidos siempre es recomendable para cualquier usuario Macintosh que desee conocer las últimas novedades sobre su ordenador y sobre todo tipo de periféricos y complementos tanto de hardware como de software. Yo he tenido la oportunidad de estar en la MacWorld que este verano se ha celebrado en Boston (la otra gran Expo se celebra en San Francisco en enero) y voy a dar por sentado que muy pocos de los que lean esta página han podido asistir nunca a un espectáculo cien por cien Macintosh como el que ofrecen las MacWorld norteamericanas. Así, no voy a hablar aquí de novedades ni productos (esto ya lo acometemos en el artículo dedicado especialmente a este evento que ofrecemos en este número), sino que voy a contar qué son y cómo son estas grandes ferias del Mac por dentro.

Un gran mercado de productos para el Mac

En primer lugar, olvídense de las MacWorld que se celebran aquí. Estos acontecimientos que antes tenían lugar en Barcelona y hace un par de años se trasladaron a Madrid no tienen nada que ver con las Expo americanas. No tienen nada que ver fundamentalmente por dos motivos: Primero, porque las MacWorld de aquí son acontecimientos muy reducidos tanto en asistencia de público como en productos exhibidos (cosa lógica por la poca penetración del Mac en nuestro país); Y segundo, porque se trata de ferias con toda la concepción europea de las mismas. Es decir son lugares pensados principalmente para mostrar y exhibir productos (y en general son bastante aburridas).
Las MacWorld americanas, en cambio, son auténticamente masivas y son tanto ferias como “mercados” (y además son mucho más divertidas). Me explico. Son masivas porque la industria que se reune en torno al Macintosh en los EE.UU. es muy amplia y agrupa a gran número de empresas de mayor o menor tamaño. A su vez, la asistencia y participación del público no especializado es enorme. Y en segundo lugar, son mercados tanto como ferias porque la venta de productos es tan importante como la exhibición de los mismos. Pocos asistentes salen de ella sin adquirir algún producto (en los Estados Unidos la norma del pirateo no está ni mucho menos tan extendida como en Europa, además, los usuarios tienen a su disposición una oferta enorme de productos a precios muy competitivos que hacen que no valga la pena piratear un producto que puede obtenerse por muy poco dinero y que permite, con su compra, registrarse como usuario y obtener todas las ventajas que ello supone). Así, sorprende observar la gran cantidad de productos que los fabricantes llegan a vender durante los cuatro días que dura la Expo. Bernoulli prácticamente había vendido 1000 unidades de su nuevo lector Zip al término del primer día, Connectix Corp. vendió un millar de copias diarias de su nueva utilidad SpeedDoubler y el nuevo MessagePad Newton 120 se agotó en prácticamente todos los puntos de venta de la Expo, por poner sólo algunos de los ejemplos que tengo más a mano.

Dos grandes recintos y la mayor participación de empresas en la historia de las MacWorld

Y es que los dos edificios que ocupaba la MacWorld de Boston (el World Trade Center y el Bayside Center) sumaban en total más de 100.000 m2 de superficie dedicada única y exclusivamente al mundo Macintosh. En ellos se podían ver y tocar desde las últimas máquinas de Apple a los nuevos clónicos, pasando por todo el software imaginable. Las tiendas de venta por correo tenían una representación muy nutrida así como los juegos para Mac y los complementos más exóticos (teclados de colores, diversos ratones inalámbricos, estrambóticas esterillas para el ratón, etc. ). El sector editorial también estaba presente y los diferentes establecimientos ofrecían diversos calendarios durante los que el comprador podía obtener una copia de la obra escogida autografiada por el autor. Los que buscaban una maleta o bolsa para sus aparatos tenían una oferta enorme y también se podían encontrar mesas y escritorios especialmente pensados para nuestras configuraciones de Mac. Y todo esto no es nada (además, obviamente, de todo el software y hardware que ya comentamos en el artículo específico sobre Boston de este número).

La organización: un diez

La organización montada para el evento es algo digno de mención. Hay que decir que los dos edificios están bastante alejados del núcleo urbano de Boston, pero en la práctica ello no supone ningún problema. La organización pone cada año a disposición de todos los visitantes un servicio gratuito de autobuses (este año patrocinado por una marca de hardware) que hace continuamente el recorrido que hay entre ambos edificios y, entre estos, y el centro de la ciudad. La frecuencia y número de los autobuses era tal que nunca había que esperar más de cinco o diez minutos para poder coger uno de ellos y desplazarnos (gratuitamente) por la zona. Por otro lado, la oferta de bares y restaurantes era suficiente como para salir al paso sin gastar excesivamente (aunque eso si, las colas eran habituales a la hora punta y las mesas algo escasas por lo que no sorprendía ver a la más diversa fauna de personajes comiendo por los lugares más inverosímiles: en las escaleras, en el suelo bajo las plantas o en cualquier rincón que superara el metro cuadrado de espacio libre). Para mayor sofisticación, se había montado un servicio de paquetería y correo para que los visitantes que comprasen más cosas de las “humanamente transportables” pudieran enpaquetarlas y enviarlas por correo a casa y, por descontado, existía también un servicio de copistería y fax en los mismos recintos. El detalle final: el último día de la Expo, y pensando en todos aquellos que debían desalojar sus hoteles a las 11 de la mañana (que es el límite en los EE.UU.), incluso se organizó una consigna para poder dejar el equipaje durante todo el día.

De copas con los gurús del Mac

Por otro lado, estas Expo son una oportunidad única para poder ver y oir a los grandes gurús del Mac. Uno se podía topar así tranquilamente con Guy Kawasaki, Don Crabb o Steven Levy, por ejemplo, en algunas de las múltiples fiestas organizadas durante esos días. Y también se les podía ver haciendo demostraciones de productos en los diferentes estands, firmando libros en las librerías, dando conferencias temáticas o respondiendo a preguntas de los usuarios como en el fantástico estand que montó la revista MacWorld y por el que diariamente pasaban expertos en diversos temas para responder a las preguntas que el público asistente quisieran hacerles.

Aires Macintosheros y “yankies” cien por cien

Pero en Boston lo mejor de todo era el ambiente. Y no sólo porque se tratara de una de las mayores concentraciones de la industria y de usuarios entorno al Macintosh sino por ese desparpajo que tienen los americanos y que le da este toque festivo a los acontecimientos que montan. La gente que se movía por la Expo eran en su mayoría usuarios Mac convencidos que lucían inmediatamente toda camiseta, pegatina o pin que les regalaran en cualquiera de los más de 400 estands de la feria. Y es que los estands, a su vez, estaban en absoluta consonancia con este desenfado. Para atraer la atención del público, la imaginación no tenía límite: había quién había montado una zona para lanzar pelotas de béisbol (una metáfora con relación a la velocidad del producto que vendían); o como SyQuest que había instalado un escaléxtric que hacía las delicias de más de un adulto, con premio incluido si ganaban la carrera (también una metáfora a la velocidad de sus productos); o como los que habían instalado butacas con todos los mandos para vibrar ante los simuladores de vuelo que ofrecían; o los que instaban a su público a gritar cosa que, obviamente, atraía a más público. Yo no pude verlo pero me contaron que White Pine Software Inc. repartía entre el público de su estand una bolsita con tierra humedecida ¡con un pequeño pino blanco en su interior listo para plantar!.
En general todos los estands regalaban alguna chuchería más o menos “militante” ( por ejemplo, los de Nissus regalaban un pin que simbolizaba una señal de prohibido encima de las palabras Word 6.0) e incluso había un estand para masajear a los visitantes agotados (por muy poco dinero te daban un increíble masaje ante la mirada divertida de la concurrencia que rápidamente se iba acumulando). Como es habitual en estas ferias, las empresas más importantes habían montado zonas de asiento para hacer demostraciones de sus productos, especialmente de software, al final de las cuales siempre se sorteaba una copia de los mismos entre el público, y es que no estaba nada mal poder volver a casa con un WordPerfect 3.5. o un Claris Works 4.0 de balde bajo el brazo (¡así fue como Enric Herrera consiguió un eMailer gratis de la mano de Guy Kawasaki !). La temida llegada de Windows 95 perdía toda importancia ante el verbo agresivo y exultante de los demostradores y con la activa participación de un público que se apuntaba rápido a cualquier consigna anti-Microsoft (¡el estand de Novell era una gozada a este respecto!). Aunque los grandes premios eran sin duda alguna los de hardware. Durante los cuatro días se regalaron un buen puñado de Power Macintosh, de PowerBooks y de Power Computing, además de impresoras láser, removibles, discos duros y monitores.
Sin embargo, como ya he dicho antes, para mi lo mejor de la feria era contemplar el nivel de ventas que se producía diariamente auspiciadas, en gran medida, por el enorme número de ofertas y precios especiales para el acontecimiento (había auténticas gangas que no se podían dejar pasar, como los nuevos Newton MessagePad 120 que se ofrecían por 399 dólares). Y es que en Estados Unidos la venta por correo está tan extendida en los productos informáticos que imagino que, para más de un usuario, estas ferias deben ser la gran oportunidad de poder ver y tocar todo lo que existe a cada momento para el Mac.
La anécdota: en las inmediaciones de la Expo, se habían agrupado un sin fin de vendedores “no oficiales” especialmente de camisetas con todo tipo de metáforas y títulos pro-Mac, o para ser más explícitos, anti-Windows. El caso es que por todas partes se podían ver individuos sonrientes luciendo camisetas con el logo del Mac OS, con la manzana de Apple o con misivas bastante ofensivas para los pobres chicos del estand de Microsoft. Y es que si había un común denominador entre todo el público que abarrotaba las MacWorld era su hiper-sensibilidad ante esta marca, sensibilidad que no poseen, por ejemplo, los usuarios españoles.
Apple había dispuesto a su vez, en su inmenso pabellón de más de 6.000 m2, un reducto para poder comprar todos los goodies habidos y por haber y que causaban auténtico furor: camisetas con el fantástico logo de la Expo (el título de este artículo: You, A Mac, The World), gorras de QuickTime y OpenDoc, tazas e imanes con la manzana, etc.), y diariamente regalaba dossieres de información y docenas de pins y bolígrafos que desaparecían en un tiempo récord. A destacar el espectacular despliegue de medios humanos que la compañía de la manzana había dispuesto para esta MacWorld y que tapizaba todo el paisaje de violeta, que era el color que Apple había elegido para el uniforme de su ejercito de representantes (tonalidad sólo superada por el amarillo de las bolsas de Iomega que por su tamaño, muy grande, engullían al resto de bolsas recogidas por la gente y creaban así un mar ondulante de “amarillos-Iomega” ).
En definitiva, toda una lección de cómo debe ser una feria para un ordenador como el Macintosh: abierta, plural, interactiva, bien organizada y, sobre todo, superdivertida (es cierto que había un buen puñado de ejecutivos encorbatados pero les aseguro que comían tirados por el suelo como el resto de mortales). Al menos, por lo que a mi respecta, la MacWorld de Boston del pasado agosto más que una feria fue una “fiesta”, la “gran fiesta del Macintosh”.

Publicado en MacFormat nž 6, octubre 1995

 

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