Núria Almiron ONLINE
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Por Núria Almiron


En el número anterior les describía cómo la tecnología más sofisticada está, cada vez más, al alcance de los usuarios corrientes. Pero ¿cómo repercute todo ello en este mismo usuario? Podríamos considerar que, en cierta manera, el progreso es relativo, especialmente para los usuarios de Mac, habituados a un entorno intuitivo como ninguno.
El siguiente ejemplo pretende ilustrar algunos de los múltiples problemas a los que un usuario normal y corriente se encuentra avezado. Recientemente me he comprado un PowerMac 7100 66/AV y he instalado el sistema 7.5. de Apple de cuyos avances pretendo, evidentemente, gozar. Uno de ellos es QuickDraw GX. La instalación de QD GX recomienda un mínimo de 16 Mb de RAM (¡casi nada!), a lo cual con mi configuración presente sólo accedo (y como yo, muchos usuarios) en memoria virtual. Si, con esta configuración, se pretende cargar una aplicación multimedia en CD-ROM, nos vemos obligados a desconectar la memoria virtual (estas aplicaciones acostumbran a ser incompatibles con ella). Cuando desconectamos ésta, prácticamente anulamos toda posibilidad de utilizar QD GX (utilizar QD GX con 8 Mb de RAM es posible pero francamente complicado). Ello obliga a que el usuario tenga que montarse varias configuraciones de sistema, según los requerimientos del momento (con el consiguiente engorro de cambios y reinicios). Evidentemente la solución más fácil (y también la más dolorosa) es ampliar la RAM real, pero den por seguro que con ello no van a solucionar todos sus problemas. Sólo resolverán algunos, porque siempre, absolutamente siempre, los requerimientos de los nuevos programas y periféricos superan las capacidades reales de los usuarios. Entonces ¿cómo se las arregla el usuario normal, aquel que de hecho se ha comprado un Mac para evitar tener que dedicar más tiempo del imprescindible a su herramienta de trabajo? En estos momentos, la tecnología se está sofisticando de tal manera que incluso estos usuarios de Mac pueden perderse. Apple tendrá que aguzar más su ingenio para seguir ofreciendo una informática fácil y transparente y que aproveche, al mismo tiempo, la sofisticación tecnológica. Tenemos que evitar a toda costa que "progreso" sea sinónimo de "complicación". Y, en eso, Apple, ahora más que nunca, no puede quedarse atrás.

Publicado en Guía CD-ROM Today nž 2, enero 1995