Los
"falsos amigos" de Apple España
Por
Núria Almiron
En inglés existe un término muy gráfico para designar
aquello que parece lo que no es: false friends. Cualquiera que haya
pasado por una academia de inglés habrá oído hablar
de él pues es uno de las primeras cosas que se enseña
a todo estudiante novicio. False friends es como se denomina a los términos
ingleses que tienen cierta similitud con algunos términos castellanos
pero que, sin embargo, no comparten significado. Ante cualquier examen
de First Certificate o Proficiency es indispensable proveerse de la
lista aprendida de los más típicos para no meter la pata.
Buenos ejemplos de ellos son advise, que pese a su parecido con "aviso"
significa "consejo", o sensitive y sensible que significan
"sensible" el primero y "sensato" el segundo, al
contrario de lo que podría parecer. El término false friends,
falsos amigos, es un término muy útil y aplicable a otras
situaciones de la vida por su significado ulterior: parece un amigo,
un beneficio, una ayuda, pero en realidad no lo es.
Una variedad no gramatical sino más bien intelectual de los false
friend serían lo que, si me permitís, podríamos
denominar false arguments, es decir, argumentos que funcionan como un
boomerang: los utilizas para conseguir un beneficio o ventaja y, en
realidad, lo que ocurre es que se vuelven contra ti. Este tipo de argumentos
son los que a mi parecer está utilizando Apple España
para vender un producto tan especial como el iBook. No lo hace a través
de la estrategia oficial (notas de prensa o comunicados), donde se siguen
las directrices de Cupertino a rajatabla, pero sí a través
del lenguaje y actitudes utilizados, por ejemplo, en las presentaciones
del producto.
Steve Jobs está intentado posicionar el iBook en el mismo segmento
de mercado que ha posicionado al iMac, pero como oferta portátil.
El mercado de consumo y de la educación son en consecuencia los
dos targets claros de este producto que, para abarcar a todos, se ha
lanzado con un color claramente femenino, el naranja o mandarina, y
otro claramente masculino, el azul o arándano. Sin embargo, aunque
Apple Computer controla cuidadosamente que la difusión, a lo
largo y ancho del planeta, de sus estrategias de marketing sea homogénea,
no puede controlar en ningún caso las diferentes sensibilidades
de cada país para con los productos lanzados. En el nuestro,
está claro que a algunos de los representantes de Apple, ni el
iMac ni el iBook les gustan demasiado. En un mercado como el español,
donde Apple tiene una representación simbólica y sólo
destaca en los clásicos nichos de siempre, que apareciera un
producto como el iMac en su momento significó algo así
como poner el mundo del revés (seguro que más de uno en
Apple España tuvo la sensación de dilapidar recursos y
esfuerzos intentando penetrar en el espacio de consumo, aunque al final
se esté demostrando que la posibilidad de arañar usuarios
nuevos al mercado PC existía). El iBook, por su lado, no escapa
a estos recelos y en él se hace aún más evidente
esta contradicción entre la estrategia americana/oficial y el
sentimiento nacional/real. Prueba de ello es que en sus presentaciones
ante la prensa y los clientes, a los representantes de Apple en España
se les ocurra bromear, con muy poca fortuna, de lo ideal que es este
portátil para "niños y mujeres", especialmente
para estas últimas (o al menos para sus esposas, que representan
siempre, por lo visto, el parecer del resto del sexo), sin reparar en
que informalidad, color, diseño o atrevimiento -es decir, falta
de seriedad y falta de tradicionalismo- no son cualidades exclusivamente
femeninas.
Estos argumentos de venta, que dominan por encima de los oficiales,
a parte de ser claramente sexistas (están diciendo que un ordenador
con un diseño de este tipo solo puede gustar a mujeres que son
las que se mueven por estas cosas, léase "frivolidad",
mientras que los hombres piden megaherzios enlatados en cajas platino,
léase "seriedad") sólo pueden volverse en contra
de Apple España.
Es cierto que el iMac y el iBook han desatado especial atracción
entre las mujeres, pero ello no elimina al resto de la población
como mercado potencial. Utilizar este tipo de argumentos puede conseguir
algunas risitas machistas entre ciertos auditorios (y digo ciertos porque
en alguno de ellos ni eso), pero sus efectos pueden ser claramente contraproducentes
porque, a la postre, acaban ofendiendo a más de una cliente potencial
femenina y, al mismo tiempo, ahuyentan a más de un posible comprador
masculino asustado de llegar a adquirir un producto considerado como
"femenino". Y lo mismo vale para el argumento de "ordenador
para niños". El iBook puede ser ideal para estudiantes universitarios,
por ejemplo, pero estos son tan receptivos a las etiquetas sexistas
como el público adulto y en absoluto les gusta que les traten
de "niños".
El iBook es una máquina potente, innovadora y atractiva y con
un mercado potencial inmenso. No la reduzcamos a "bomboncito para
mujeres" o a "juguete para niños". No solo es
injusto para el producto sino también, y sobretodo, perjudicial
para Apple.
Publicado electrónicamente
en Nuria OnLine y en Macuarium el 1 de noviembre de 1999