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iBooks y reducción de costes

Por Núria Almiron


En casa encargamos un iBook a principios de setiembre y no fue hasta hace unos pocos días que nos entregaron nuestro "ejemplar". Supongo que dos meses y pico es "poco" tiempo de espera para una maravilla como ésta pero, aún así, habríamos preferido tenerlo antes, francamente. La de ventas que habrá perdido Apple con el desfase que ha habido entre la fecha anunciada de salida al mercado del producto y la fecha real en que han empezado a llegar máquinas a las tiendas (además con cuentagotas). En las clases de marketing de la facultad de comunicación recuerdo nos insistían en la regla de oro para no defraudar al cliente: ¡que el producto estuviera en la tienda cuando éste acudiera a buscarlo!. Apple no sólo incumple esta regla reiteradamente sino que además consigue unas expectativas previas en forma de listas de espera que muy pocos fabricantes pueden permitirse. Un lujo del que es mejor no abusar, especialmente con un producto como el iBook, con un poder de atracción enorme sobre usuarios nuevos o de PC, nada habituados a listas ni desfases de esta índole.
Pero aquí lo teníamos por fin. Nuestro esperadísimo iBook llegó sin la RAM adicional solicitada (y sorprendentemente también sin el Mac OS 9), pero ello no nos desanimó en absoluto, pasar unos días con la configuración de serie no podía ser tan grave. Le instalamos enseguida todos nuestros programas y utilidades habituales, nada del otro mundo pero sí unas cuantas horas de trabajo de instalación y personalización. Cuando terminamos esta tediosa pero obligada tarea y reiniciamos la máquina empezamos a notar que aquello no era el cohete que nos habían prometido. Para empezar, nuestro pequeño bombón naranja se encallaba unos buenos segundos al arrancar. A las pocas horas de usarlo nos dimos cuenta que esos "parones" eran una constante. Para abrir menús, ventanas o desplazarte por el escritorio, padecíamos constantes colapsos que se desatascaban al cabo de unos pocos, pero molestos, segundos. Al intentar abrir aplicaciones incluso llegaron a aparecernos bombas. Con nuestra anterior experiencia con máquinas con piezas de hardware defectuosas de fábrica empezamos a temblar. Evidentemente la primera reacción fue reinstalar el sistema de cero, algo realmente desmoralizante cuando no hace ni unas horas que has sacado el ordenador de su embalaje de fábrica. No sirvió de nada. Finalmente nos enfrentamos a la cruda realidad: ¿no sería todo debido a la falta de memoria? Todos los síntomas así lo indicaban y aunque siempre hemos sido conscientes de la tradicional escasez de RAM con que Apple entrega sus máquinas, nos parecía imposible que ello llegara a cotas de impedir poder trabajar con el ordenador con los mínimos necesarios. Se nos ocurrió que tal vez fuera un problema con la memoria virtual que viene activada por defecto (pues el iBook se sirve con solo 32 MB de RAM física). La desactivamos y...
…el por qué de tantos parones, lapsus y encalladas se puso en evidencia. Lo primero que obtuvimos al arrancar fue un mensaje de "No hay suficiente memoria para abrir el Finder". Por lo visto, el iBook iba tan corto de memoria que incluso parte del Sistema y del Finder utilizaban la memoria virtual, con la consiguiente pérdida de rendimiento. Nuestros esfuerzos para reducir el sistema al mínimo y poder trabajar sin memoria virtual fueron infructuosos y tuvimos que enfrentarnos a lo inevitable: deshacer la mayoría de pasos hechos durante la configuración de la máquina para dejarla prácticamente como venía de fábrica. Desnuda y al mínimo pero al menos capaz de poder arrancar el procesador de textos. De esta forma, precaria pero efectiva, hemos conseguido sobrellevar la falta de RAM de la mejor forma posible sin tener que esperar de brazos cruzados mientras llega la memoria adicional. Ahora el iBook ya no muestra bombas ni se encalla constantemente pero no tiene prácticamente nada instalado y el rendimiento conseguido está muy por debajo de sus posibilidades.
Y aquí nos preguntamos: ¿No es una contradicción tanto anuncio de máquina superveloz que pulveriza a los Pentium y que, en la práctica, no puedas aprovechar todo su rendimiento al completo tal y como viene de fábrica? Es posible sobrevivir sin más RAM pero nadie se compra un último modelo solo para sobrevivir.
Tal vez sea una buena estrategia para reducir costes empresariales pero a mi me parece, como mínimo, de lo más insólito que se comercialicen máquinas con cuya configuración de fábrica apenas se pueda trabajar.
P.D. Eso si, el resto es fabuloso (especialmente la pantalla).

Publicado electrónicamente en Nuria OnLine y en Macuarium el 9 de diciembre de 1999