Comando
Z
En la vida real sufrimos las consecuencias de nuestros
errores. Con nuestro ordenador tenemos, sin embargo, algo de un valor
inapreciable: deshacer lo hecho.
Por
Enric Herrera
Quizás
el título de esta página pueda parecer propio de un nuevo
juego arcade 3D de los que fríen a todo el que se pone por delante
o el de una de estas series de televisión en que cada semana
el grupo de protagonistas tienen una misión más rocambolesca
que cumplir, pero en realidad me estoy refiriendo a una de las acciones
más habituales que hacemos con nuestro ordenador, y una también
de las más importantes: Deshacer lo hecho.
Este comando típico de todos los programas de ordenador es uno
de los que nos ha cambiado la forma de redactar, de escribir, de dibujar,
de diseñar, de hacer música, de preparar proyectos, etc.
Escribir con un ordenador es algo distinto a la "forma" tradicional
de escribir, la imagen del escritor arrancando la hoja de papel de la
máquina de escribir, arrugarla y tirarla a la papelera ha pasado
a formar parte de las películas de época, el "tippex"
para corregir los posibles errores tipográficos ha dejado de
existir y encima, podemos ahora pasar un corrector gramatical para ayudarnos
a descubrir los posibles gazapos y faltas de ortografía. Escribir
es ahora más fácil, aunque, claro, hace falta saber que
queremos escribir.
¿Que pagáriamos por tener un Comando Z para la vida real?,
¿en cuantas ocasiones, cada día, utilizaríamos
esta opción? Cuando comemos el menú del día en
el restaurante de la esquina y el segundo plato está fatal, Comando
Z y pasamos al pescado. ¿Y el postre?, pues probamos la tarta
de la casa y si no nos gusta pues ala, Comando Z y que nos traigan el
yogourt. Cuando coges una taza caliente demasiado caliente
te quemas, la sueltas y después tienes que limpiar y recoger
el desaguisado que has provocado, o cuando el primer sorbo de la sopa
estaba demasiado caliente y te deja el paladar sin sabor para el resto
de comida, ¿que daríamos por la posibilidad de "deshacer"
esa tontería que nos va a amargar el resto de la comida?. En
los deportes, los jugadores de tenis son los únicos que tienen
una especie de Comando Z con el saque, si el primero no les va bien
pueden repetirlo, pero ni el delantero que tira un penalty a las nubes,
ni el golfista que se va al agua, ni el jugador de ajedrez que ha movido
el alfil que protegía el flanco izquierdo, pueden utilizar el
susodicho Comando Z, todos deben conformarse con lo que tienen y en
consecuencia con los que les viene encima por su errónea acción
que no pueden deshacer.
El Comando Z no es más que una pequeña parte de la gran
evolución que estamos empezando a experimentar gracias a la era
digital en la que acabamos de entrar. Cuando rectificar es algo tan
sencillo como pulsar unas teclas, cuando probar es algo tan poco costoso,
los límites de la investigación se expanden sin freno,
todo lo que podemos digitalizar es susceptible de una continua evolución
que nos permite mejorarlo hasta optimizar al máximo, es crear
sin miedo a equivocarse.
La mayoría de mortales perdemos jugando al ajedrez contra un
buen programa de ordenador, a algunos esto puede asustarles, pero es
normal que así sea, estamos, en realidad, jugando contra los
conocimientos de grandes jugadores de ajedrez que han aprendido gracias
a su inteligencia, sus estudios y sus errores. Todo este saber ha sido
guardado digitalmente, el ordenador, pues, se limita a buscar la información,
cruzarla y dar un resultado. En general las máquinas, no sólo
los ordenadores, hacen todo los que los humanos somos capaces de enseñarles
a hacer, y una vez que lo hacen lo hacen más rápido, o
con más fuerza, y con mayor precisión.
Cuando, por ejemplo, los conocimientos médicos de todos los grandes
especialistas puedan digitalizarse, un ordenador podrá diagnosticarnos
con precisión y operarnos de cualquier cosa con mayor seguridad
de la que lo podría hacer el mejor especialista. De hecho ya
existen en la actualidad cantidad de aparatos tanto de análisis,
de diagnóstico, como de ayuda en determinados procesos médicos,
que se nutren de la información acumulada de centenares de científicos,
es sólo cuestión de tiempo el que estos equipos sean cada
vez más poderosos y en los que la intervención humana
sea cada vez menor en su manipulación.
Si nos hemos quemado con la sopa, o al coger la taza, es porque un humano
quizás nosotros mismos la ha calentado más
allá de lo que nuestro propio organismo puede soportar; si, por
el contrario, la temperatura de la sopa estuviera controlada por un
ordenador nunca nos habríamos quemado o nunca nos podrían
servir un café con leche con la leche agria. Los que erramos
somos los humanos, incluso programando los ordenadores. ¿Tenemos
miedo al futuro? Quizás. quizás el miedo normal a lo desconocido,
pero, queramos o no, con la nueva era digital estamos viviendo el nacimiento
de la mayor y más rápida transformación de nuestra
especie.
Publicado en
MacByte nž 11, setiembre 1999