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¿Ordenadores o terminales?

Por Núria Almiron


El mes pasado iniciaba esta sección hablando de cómo y cuanto había llegado a influir la red en el mismo desarrollo tecnológico. Un ejemplo palpable de ello es el ordenador de red o Network Computer, una idea recuperada de la informática del pasado, maquillada y rejuvenecida para satisfacer, según dicen sus precursores, las necesidades de una determinada porción del mercado que o no quiere tener que pagar el elevado coste de mantenimiento de los PCs, caso de las empresas, o no quiere aprender a manejar unas máquinas aún tan complejas, caso de muchos usuarios domésticos.
El Network computer equivaldría a los antaño denominados “terminales”, unos ordenadores sin disco duro (o con uno de tamaño muy reducido) que acceden al software y documentos almacenados en un ordenador central, en el caso de una intranet, o sitos en la propia Internet. Esta idea empezó a recuperarse a mediados de 1995 y se concretó en mayo de 1996 cuando cinco empresas —Apple, IBM, Netscape, Oracle y Sun— unieron sus fuerzas y determinaron unas especificaciones estándar para crear máquinas fáciles de utilizar y de bajo coste que permitieran el acceso a Internet. Lo que pretendían estos cinco grandes con el “NC Reference Profile 1” era crear el Electrodoméstico Estándar para Internet, algo tan universal como el teléfono o el televisor. La porción de mercado a la que se dirige el NC es doble y pretende solucionar dos problemas distintos, como decía antes. Por un lado, a nivel corporativo, una de las principales quejas de las empresas es el elevado coste de mantenimiento de sus ordenadores (Gartner Group, por ejemplo, lo cifra en 12.000 dólares al año por máquina entre mantenimiento de hardware y software). Sustituir estas máquinas inteligentes por meros terminales que se limiten a acceder a los datos y programas residentes en un servidor reduce drásticamente esta cifra. Es fácil ver las ventajas que ello tiene para los administradores de redes pero no lo es tanto para sus usuarios, al menos para todos. Es cierto que hay una tipología de usuario corporativo que “lo quiere todo hecho”, que prefiere la sistematización y reducción de la oferta informática a su disposición que tener todo un ordenador en la mesa con la complejidad añadida que eso significa. Pero no todos los usuarios se suscriben a esta tipología. Personalmente he podido experimentar en carne propia lo que es trabajar en organismos con sistemas informáticos que mantienen cientos de puestos de trabajo de la más diversa índole. Contentar a todos ellos supone tener que estructurar la oferta de programas y espacio disponible en el servidor según departamentos y secciones y les aseguro que nunca, absolutamente nunca, se consigue contentar a todo el mundo. Los pequeños reinos de taifa que quedan al margen de la red, pequeñas redes formadas por ordenadores personales conectados entre si (Macs en muchos casos) aisladas de la gran intranet, son muchas veces los más productivos e, importante, los más satisfechos.
El segundo segmento del mercado al que van dirigidos los NC es al usuario doméstico que jamás ha tenido un ordenador ni ve necesidad alguna de tenerlo ni de tener que aprender a manejarlo. Los NC de este segmento se han empezado a llamar en los EEUU “set-top-boxes”, es decir, “cajas para ir encima de la TV”(como las cajas de la TV por cable o del Canal Plus) pues normalmente se trata de dispositivos que utilizan el receptor de televisión como monitor. Akai, WebTV o Pippin de Apple serían algunos ejemplos. En este caso se pretende universalizar el acceso a Internet cuyo mayor obstáculo parece ser la dificultad de uso que el PC aún tiene. Y aquí es donde más se me escapa el tema. El principal argumento de aquellos que fomentan estas TVs con acceso a Internet es poder ofrecer un interfaz más sencillo de usar a aquellos usuarios que no han entrado en el mundo del ordenador personal por miedo, desconocimiento o simplemente pereza de aprender. Y resulta que estamos en lo mismo, que siempre acabamos en lo mismo, el problema de la tecnología actual, como hace 13 años cuando Apple lanzara el ordenador “más fácil de usar”, es que seguimos sin haber conseguido una interacción fluida y fácil con los dispositivos que aumentan nuestra calidad de vida (y no hace falta ir al PC, ¿no le maravilla lo difícil que puede llegar a ser borrar un simple mensaje del buzón del teléfono móbil o, el eterno ejemplo, programar el vídeo?). Lo cierto es que Internet ha contribuido en gran manera a aumentar la complejidad de los ordenadores. El tema de las comunicaciones es uno de los peor resueltos en nuestro ordenador personal, las prisas y parches con que hemos ido apagando nuestra “sed de comunicación e información” han ayudado a ello pero la profusión de estándares, de fabricantes y desarrolladores lógicamente también (por eso vivimos paradojas como la de disponer desde hace muchos meses de la tecnología para fabricar módems que van el triple de rápido que los actuales pero no poder aún comercializarla, por ejemplo). En definitiva, que me gustaría que alguién me explicase por qué vamos a ser capaces de desarrollar para estos NCs el interfaz ideal que aún no hemos sido capaces de crear , a pesar de llevar años en ello, para los ordenadores personales

Publicado en La Red n¼ 2, octubre 1997