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¿Intervencionismo tecnológico?
Microsoft, monopolio y libertad tecnológica

Por Núria Almiron


La noticia de la acusación de monopolio, por parte de la comisión europea y, sobre todo, de la administración norteamericana, a Microsoft va a dar que hablar largo y tendido en los próximos días/meses. Concretamente el departamento de justicia de los EE.UU. ha acusado a Microsoft de abusar de su posición dominante en el mercado (¡ya era hora!) para crear un nuevo monopolio: el de su browser en Internet. El tema ha surgido en el seno del departamento de justicia norteamericano a raíz de diversas presiones externas. Hace ya un año, Netscape instó al departamento de justicia para que examinara si las prácticas de Microsoft en el terreno de Internet eran legales, en otras palabras, si Bill Gates estaba utilizando su dominio en el mercado de los sistemas operativos para influenciar a los fabricantes de PC a la hora de elegir un software de acceso a Internet a incluir en sus máquinas. Pero la verdadera presión la ha metido el CPOT (Consumer Project on Technology), un lobby de consumidores que la vigilia antes del lanzamiento del IE 4.0 pidió al gobierno que la impidiera. Entre otras cosas, el CPOT afirma que a Microsoft no deberían permitirle regalar el Explorer ni venderlo junto con su sistema operativo de una manera en que no puedan hacerlo sus competidores. Y va más lejos. Abogan porque se ponga una barrera entre la división de Windows y la de aplicaciones para detener la integración que algunas de ellas, el Explorer por ejemplo, están sufriendo en el futuro Windows 98 o en NT 5.0. En definitiva, abogan por un intervencionismo tecnológico para frenar a la imparable Microsoft. Por su parte, la fiscal general del Estado pedía que Microsoft dejara de obligar a los fabricantes de ordenadores a preinstalar el Explorer en sus máquinas y poner su icono en el escritorio para poder licenciarles Windows 95 (Microsoft viola con ello la orden judicial de 1995 por la que se le prohibían estas prácticas desleales). En el momento de escribir esto Microsoft tenía 11 días para convencer a un juez de lo contrario y evitar una multa millonaria.
El tema es interesante por el debate que reaviva y que, sea cual sea la decisión del juez, estará en el candelero los próximos años: ¿es válido el intervencionismo tecnológico para preservar la libertad de mercado?
Vivimos en una sociedad capitalista y de libre mercado que en sus representaciones más extremas (EE.UU, Reino Unido, etc.) ha desarrollado un draconiano sistema de protección de la libre competencia para evitar las situaciones de monopolio. Paradójicamente, es en estos estados capitalistas “más puros” donde han nacido las empresas más poderosas del planeta, tan poderosas que en muchos casos se convierten en importantes grupos de presión de los gobiernos y en competidores letales para la pequeña industria. El país con les leyes de protección del libre mercado más severas del mundo es el que ha dado a luz al gigante Microsoft, un imperio nacido, y crecido, al amparo de estas leyes y que se ha acabado por convertir en una amenaza para ellas.
Pero no es mi intención poner en evidencia las incongruencias y contradicciones del sistema económico en el que vivimos sino destacar el otro lado del asunto. El gobierno americano (y al día siguiente la comisión de Bruselas), apoyado por una determinada capa de la sociedad, propone intervenir en el tema. Pero aquí no estamos hablando de política ni de economía, estamos hablando de tecnología. Cierto es que el interés tecnológico es en muchos casos lo menos importante en esta industria y que lo principal es la capacidad de generar capital y riqueza, aunque sea procedente de vender basura con mucho márqueting. De hecho, Microsoft no hace más que llevar al extremo lo que todas las empresas hacen. Sin ir más lejos, la Universidad de Yale anunció este verano que iba a migrar a la plataforma Wintel y que estos serían los sistemas que recomendaría a partir de ahora a sus alumnos y profesores (el 50% de los cuales utilizaba Macintosh). El motivo : Intel les ha dado la mayor beca de la historia de esa universidad y, a cambio, sólo les ha pedido una nimiedad de nada, que usen exclusivamente equipos Intel con productos Microsoft... Cierto, de intereses tecnológicos más bien pocos en este nuestro libre mercado...
Sin embargo, seamos realistas ¿Qué empresario en su sano juicio no aprovecharía un monopolio como el de Windows para la introducción de todos y cada uno de sus productos restantes? O , más bien ¿cómo hacer lo contrario, como evitar que el dominio apabullante en un mercado no determine su presencia en los otros? El problema del gobierno americano es que la única solución que le queda para conseguir que, de aquí a cinco o diez años, Microsoft no se haya zampado a todo el mercado es dividir a la empresa o restringir sus decisiones comerciales que a fin de cuentas es lo mismo que limitar cómo comercializan sus productos, su tecnología, es decir, limitar su “libertad tecnológica”. Sea cual sea pues la decisión del juez norteamericano, el tema es especialmente interesante en una industria que tiende a la unificación de plataformas, a la creación de estándares comunes y a la integración de soluciones (como por ejemplo Internet en el escritorio).
Las leyes debieron funcionar mejor antes para evitar que apareciese un Microsoft. Nunca debió permitirse llegar al extremo en que la intervención gubernamental sea deseable para, en definitivas cuentas, acabar decidiendo lo qué debe y no debe incluir un sistema operativo, aunque ese OS sea Windows...

Publicado en La Red n¼ 4, diciembre 1997