El
bug del milenio o el problema del año 2000
Por
Núria Almiron
Recientemente he estado en contacto electrónico con una empresa
con la que me ocurría algo curioso y reiterado: todos sus mensajes
indicaban una hora de envío entre 20 y 40 minutos posterior a
la hora real en que yo los recibía. Ello no tendría mayor
inconveniente si no fuera por la imperiosa necesidad que yo tenía
de saber a ciencia cierta, y rigurosamente, el momento en que respondían
a mis mensajes. Pero su ordenador (o el servidor de correo) no sabía
la hora que era y, en consecuencia, en el mensaje electrónico
se insertaba una hora cualquiera. El motivo posiblemente fuera algo
tan simple como un olvido a la hora de actualizar al horario estacional,
pero ello me llevó a pensar en la importancia, para cualquier
usuario, de tener al día la fecha y la hora de su ordenador.
Esta introducción viene a cuento por la poca importancia que
algunas empresas dan al problema del año 2000. Si en algo tan
simple y trivial como una mensaje electrónico, poseer la información
de fecha y hora correctas no es nada banal, es de imaginar hasta que
punto no lo será a niveles más serios.
Del problema de los ordenadores en el año 2000 se ha hablado
mucho pero existe una gran confusión al respecto. Parece como
si los expertos no acabaran de ponerse de acuerdo respecto a la gravedad
del tema. En lo único que están de acuerdo es en señalar
a los culpables: los pobres programadores de hace treinta años.
En realidad, el uso de dos dígitos en las fechas de los ordenadores
proviene de un problema de espacio que, en su momento, es decir, en
la lejana época de las tarjetas perforadas de los años
60 y 70, tenía elevados costes. La reducción a dos dígitos
del año en las fechas fue una decisión lógica y
coherente con la época. Los verdaderos culpables ya poco importan,
aunque si hubiera que culpar a alguien probablemente sería a
la propia inercia de la industria informática que, una vez superado
el problema de espacio y con ordenadores y tecnologías mucho
más potentes, siguieron explotando la rentabilidad de unas metodologías
de trabajo obsoletas (siguió programándose con años
de dos dígitos limitados a 1999 cuando ya no había ninguna
necesidad de hacerlo, ¿por qué? Porque se trabajaba sobre
un hardware que no soportaba el cambio de milenio, o se trabajaba sobre
código antiguo, o por costumbre, o por... inercia). Inercia que
ha perjudicado enormemente el avance tecnológico en general.
Pero, lo que lleva a confusión es la distinta reacción
de unos y otros¿Por qué razón Microsoft insiste
que la solución es simple y que basta con migrar todos los sistemas
basados en mainframes a sistemas basados en PC (con Windows NT claro)
mientras que IBM, Intel y muchos otros fabricantes de hardware han creado
departamentos, Webs y becas de investigación específicas
y están invirtiendo notables cantidades de dinero en ello? ¿Quién
está exagerando? Probablemente todos, para esconder la difícil
solución del problema. Y es que la problemática es triple
pues la incompatibilidad con el año 2000 puede residir en uno
de estos tres elementos: en el hardware, cuando el reloj interno es
incapaz de manejar fechas posteriores a 1999; en el sistema operativo,
cuando este no puede reconocer ni procesar correctamente fechas posteriores
a ese año; o en los programas utilizados, cuando los programadores
no han considerado la posibilidad de superar esa fecha. Y en el 80%
de sistemas actuales sucede alguna de estas tres cosas. Es evidente,
pues, que difícilmente podrá aparecer nadie con una solución
global para todos.
El problema es bien distinto a nivel empresarial o doméstico.
A nivel corporativo, un incorrecto procesamiento de las fechas puede
montar un caos notable en sistemas bancarios, fiscales, financieros,
etc. A, menor escala, existen innumerables empresas medianas o pequeñas
con aplicaciones a medida desarrolladas hace diez o quince años
(y de cuyo código no se acuerda nadie si es que aún existe
la empresa que lo programó) para quienes el problema de las fechas
puede suponer un grave obstáculo en su normal funcionamiento.
Por otro lado, se ha afirmado que para el usuario doméstico el
problema no es tal e incluso he leído artículos que aconsejan
no comprarse nada nuevo hasta pasada esa fecha. Según estos artículos,
el usuario doméstico puede pasar. No estoy en absoluto de acuerdo.
¿Como es posible trabajar con un equipo con la fecha y hora de
hace un siglo? Aunque sólo sea por el caos que representa buscar
un documento por la fecha o la imposibilidad de fechar nuestro correo...
En algunos casos, el problema no es tan grave. En 1984, hubo una empresa
que tuvo la clarividencia de dotar a sus equipos con un sistema de fecha
y hora capaz de superar el cambio de milenio. Si es usted un usuario
de Macintosh y aún no lo sabía pues ya lo sabe. Las utilidades
originales de fecha y hora del Mac de 128K permitían alcanzar
hasta el 2.040, y las actuales hasta el 29.940. Pero ello no evita los
problemas derivados de un desarrollador que no se apoye sobre las utilidades
de Apple (que siempre los hay). Probablemente éste último
será el principal frente de batalla contra el llamado bug del
milenio, especialmente para las empresas con miles y miles de líneas
de código a revisar para adaptar el sistema de fechado. En todo
caso, se trata de una lección histórica de miopía
tecnológica fruto de la pasividad de una industria ávida
de beneficios. Y no se porqué me temo que no será la última...
Publicado en
La Red n¼ 5, enero 1998