Poder
concentrarse en la tarea, no en la tecnología,sigue siendo la
cuestión
Por
Núria Almiron
Esta sección en la que escribo mensualmente habla de tecnología.
Cada mes debo dar mi opinión sobre cualquier tema vinculado con
la tecnología y cada mes tengo la suerte de poder hablar prácticamente
de cualquier cosa, la tecnología se ha inmiscuido de tal manera
en nuestras vidas que es imposible no ver sus efectos e influencia en
todo cuanto nos rodea. Y lo mismo se puede aplicar a Internet. La popularización
de la red ha sido algo que ha permitido la tecnología, y a su
vez, que aun haya tanta gente que no goce de las ventajas de la red
también es culpa de la tecnología. Intentaré explicarme.
Al escribir esto, la clausura de Mundo Internet en Madrid aun es reciente
y los artículos sobre el éxito y crecimiento de las tecnologías
relacionadas con la red y del número de usuarios en nuestro país,
aun están muy presentes en las páginas de los periódicos.
Pero ¿qué es lo que hace avanzar a Internet? Desde luego
la tecnología, como fue ésta la que permitió sacarle
del reducto académico-militar en el que se encontraba. Pero tecnología
no es sólo el último modelo de PowerPC o de Pentium, la
tecnología también es, y sobre todo, el software, los
sistemas operativos, los lenguajes de programación, los entornos
de desarrollo, etc. Y tecnología es todo aquello que nos permite
realizar una actividad mejor (con más calidad), más deprisa
(dedicando menos tiempo y recursos) y más fácilmente (con
menos esfuerzos). Por ello, a cada avance tecnológico, más
y más gente se suma, por ejemplo, a Internet, pues ello repercute
directamente en su rapidez y facilidad de uso con resultados superiores.
Pero, sin embargo y al mismo tiempo, el estadio actual de esta misma
tecnología es el causante de que muchas personas que tienen la
posibilidad (económica y social) de utilizarla, no lo hagan.
Y ¿cual es este estadio? Cada uno puede juzgar por si mismo.
Personalmente, la tecnología me ha permitido poder trabajar desde
mi casa (o desde cualquier punto al que me desplace) y estar más
comunicada con el exterior de lo que jamás estuve laboralmente,
cuando me desplazaba a las instalaciones de otras empresa. Desde mi
domicilio particular tengo acceso electrónico a una vasta cantidad
de información, en ocasiones demasiada, que en mi caso es especialmente
valiosa (pues si algo hay que abunde en Internet es la información
sobre sí misma y sobre la tecnología que la hace avanzar),
y estoy permanentemente conectada con el mundo exterior gracias a diversas
lineas de teléfono, varios módems, un fax y algunos dispositivos
más. Aunque la tecnología que personalmente más
valoro es el interface con el que me comunico con todos esos dispositivos
y con el resto del mundo a través de mis aplicaciones: el Mac
OS 8, pero esto ya es otro tema. Sin embargo, los problemas e inconvenientes
son constantes. Y siempre por culpa de la tecnología. Sin ir
más lejos, la compañía telefónica me ha
dejado recientemente diversos días (sí, días)
sin varias de las líneas porque cierto tramo de su cableado se
mojaba con la lluvia (vivo en el cinturón metropolitano de Barcelona,
lo juro, no estoy escribiendo desde Africa, con todos mis respetos hacia
ese continente). Si precaria es la avería más precaria
fue la reparación: enrollar manualmente un pedazo de aislante
alrededor del tramo problemático (reconozco que no me esperaba
una protección demasiado sofisticada pero que tardaran una semana
para acabar solucionándolo así me pareció impresentable).
Esto sin contar con la velocidad de vértigo que se
alcanza hoy en día a través de Infovía (a menos
que se decida pagar mucho más por instalar una línea RDSI
y obtener una minúscula punta de velocidad de más). Y
del cable hablábamos la semana pasada. Tengo un amigo que siempre
nos pregunta qué tiene que hacer para que le cableen su calle,
se muere de ganas de tener más tecnología a su disposición
para poder navegar por Internet en lugar de tener la sensación
de perder el tiempo, o para poder ver una televisión menos dañina
para la vista. No conozco a nadie de mi alrededor que no esté
dispuesto a pagar por tener el cable en su casa/trabajo lo antes posible,
¿a qué esperan las compañías que ya tienen
licencia para cablear su área? Pero el ejemplo más palpable
del prematuro estadio en que aún se encuentra la tecnología,
lo he visto reflejado en unas palabras pronunciadas por alguien que
sabe muy bien lo que se dice: nada menos que el jefe de los laboratorios
de investigación de Xerox, el legendario PARC. Este señor,
Mark Weiser, afirmaba recientemente en una publicación de habla
inglesa que el ordenador del futuro es el ordenador invisible. Más
concretamente decía: Una buena herramienta es una herramienta
invisible. Por invisible quiero decir que la herramienta no se inmiscuye
en nuestra conciencia: nos concentramos en la tarea, no en la herramienta.
Los científicos del PARC llevan más de diez años
diciendo esto. ¿Tan poco hemos avanzado? Desde que se pronunciara
esta idea por primera vez hasta ahora, el avance tecnológico
más importante ha sido el invento y evolución del interface
gráfico del usuario, y de ello hace ya sus buenos años.
Windows y la World Wide Web no han hecho más que beneficiarse
de un invento que a su vez popularizara el Macintosh de Apple. La tecnología
es pues nuestra principal aliada pero también nos tiene atrapados
en un entorno aun demasiado complejo y obsoleto. La paradoja es que
sólo ella puede sacarnos de este embrollo en el que nos ha metido.
Publicado en
La Red nž 8, abril 1998