Desdemonizando
El fenómeno de la red está pasando por
la fase habitual de demonización que vive toda novedad revolucionaria.
Por
Núria Almiron
En este mismo número se publica un artículo muy interesante
sobre el experimento realizado por un colaborador. Lo único que
pretendía Amancio con tal experimento era comprarse un nuevo
equipo para su nueva vida de teletrabajador. Sin embargo, quiso hacerlo
ya desde esa nueva faceta, es decir, no utilizando los canales tradicionales
(desplazamiento hasta un establecimiento y consiguiente charla con un
comercial para acabar cargando con todo hasta casa) sino con lo que
a partir de ese momento tendría exclusivamente a su disposición:
Internet. Ello le permitió a su vez valorar el nivel de teletrabajo
asumido que tienen las tiendas y proveedores y, como podréis
comprobar en esas páginas, aunque recibió un buen número
de respuestas, la mayoría de los consultados o no le respondió
electrónicamente o lo hizo sólo para pedirle un teléfono
o un fax para poder proseguir la relación comercial por alguna
vía más "convencional". Está claro que
dentro del sector informático el correo electrónico está
prácticamente universalizado por lo que comunicarse exclusivamente
a través de él debería ser algo fluido y normal.
Pero nos olvidamos un matiz: el popular email está universalizado
en cuanto a implantación, pero en absoluto en cuanto a uso.
El caso es que a la mayoría de personas aún les cuesta
muchísimo deshacerse de los vínculos tradicionales hacia
"lo físico"; el contacto directo entre personas, sea
físicamente (en la tienda) u oralmente (teléfono), y el
uso del ubicuo papel (fax, pedido, factura, etc.) siguen teniendo preferencia.
¿Por qué?
En primer lugar por esa universalidad de implantación pero no
de uso que comentaba antes. Si tu proveedor sigue estando disponible
más fácilmente por teléfono le seguirás
llamando por teléfono, aunque ambos tengáis correo electrónico
(que pierde todas sus ventajas cuando el destinatario no lo consulta
con frecuencia); o si tu cliente te exige que le envíes tu catálogo
de productos en papel así lo harás aunque tengas la mejor
de las mejores versiones electrónicas del mismo.
Pero, además, no hay que olvidar la naturaleza intrínsecamente
conservadora de nuestra especie. Inventos que han cambiado el mundo
como la imprenta, la máquina de vapor o el teléfono, vivieron
todos una fase previa de "demonización" (ver como principales
los efectos dañinos y perjudiciales de todos ellos en detrimento
de sus ventajas) antes de pasar a formar parte de la cultura diaria
y cotidiana de esta sociedad. Con Internet está ocurriendo lo
mismo. Sin ir más lejos, el Programa de Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD) acaba de publicar su Informe del Desarrollo Humano
de 1999 en el que defiende que Internet se ha convertido en uno de los
factores principales de la desigualdad en el mundo. Según el
PNUD Internet es un factor que acentúa más la distancia
entre ricos y pobres. No es que esto no sea cierto, evidentemente existe
una gran barrera cultural entre personas conectadas y personas no conectadas
pero, como afirma Luis Angel Fernandez Hermana en un artículo
reciente en El Periodíco de Catalunya, la PNUD se olvida de que
por ahora sólo utiliza la red el 0,2 de la población,
así que llegar a las conclusiones tajantes a las que llega este
informe se acerca más a esa "demonización previa",
que tiene que pasar toda novedad revolucionaria para poder ser aceptada,
que no a una valoración ecuánime.
Sea como sea incluso la propia PNUD reconoce que el uso de la red se
multiplicará en los próximos años alcanzando los
700 millones de usuarios en el año 2001. Y que nadie dude que
será así. Pero no por motivos prácticos o tecnológicos
(a los que esa naturaleza conservadora a la que antes aludía
es indiferente), ni por motivos ecológicos (para salvar árboles
por ejemplo), sino por motivos puramente económicos (que son
en definitiva los que mueven este planeta). Las empresas se están
dando cuenta de los beneficios implícitos de lo electrónico.
Un ejemplo es el aportado por IBM (a la que no suelo citar mucho en
esta columna, así que aprovecha para hacerlo). La multinacional
informática asegura haberse ahorrado más de 130.000 millones
de pesetas en 1998 gracias a Internet. ¿Que cómo lo ha
hecho? En primer lugar canalizando a través de la red el servicio
de atención a sus clientes, con lo que ha conseguido ahorrarse
cerca de 95.400 millones de pesetas. Y en segundo lugar eliminando el
papel en las relaciones con los proveedores. Sin tenemos en cuenta que,
sólo en 1998, IBM compró a sus proveedores por valor de
1,9 billones de pesetas, podemos imaginarnos la cantidad de papel potencialmente
generable. ¡La realización de todos los pedidos a través
de la red ha ahorrado a IBM, sólo en papel, 38.400 millones de
pesetas!. Y, para colmo, esto le ha valido una revalorización
en bolsa por su nueva posición estratégica abierta a Internet.
Definitivo, vaya. El proceso de desdemonización está a
punto de comenzar
Publicado en
el nž 11 de MacByte, setiembre de 1999