¿Demasiado
rápido?
Al ritmo desbordante de los nuevos lanzamientos se suma
ahora el componente seductor del diseño para atraernos.
Por
Núria Almiron
Josep Pla, una de las figuras literarias catalanas más importantes
de este siglo, fue un humanista que se lamentó profundamente
a lo largo de toda su vida del hundimiento del mundo rural, dominado
por grandes y lentos ciclos naturales. Pla nunca supo ni quiso adaptarse
al advenimiento de la era industrial y urbana, de ciclos muchísimo
más acelerados y artificiales. Para este gran escritor, recreador
de universos naturales impresionantes mediante un lenguaje de matices
extraordinarios, la nueva sociedad iba demasiado deprisa. Pero Josep
Pla solo hubo uno y, con excepciones muy contadas derivadas de sus habilidades
en otros campos, la mayor parte de individuos con actitudes "planianas"
se quedaron en la cuneta de su época.
Y esto es lo que muy probablemente nos pasará acualmente si nos
negamos a seguir el ritmo tecnológico de nuestra época.
Apple, como cabeza de lanza, es el mejor ejemplo de este ritmo frenético
y apasionante que nos imprimen las novedades tecnológicas. En
sólo doce meses esta compañía ha realizado seis
grandes lanzamientos de primera magnitud:
En agosto de 1998 Apple lanzó en Nueva York el primer iMac; al
cabo de cinco meses, en enero de 1999 se presentaban en San Francisco
los nuevos G3 blancos y azules y los iMacs de colores con mayor potencia
de procesador; cuatro meses después, en la conferencia de desarrolladores
en mayo se lanzaba la nueva línea de PowerBooks G3 profesionales
con velocidades de hasta 400 MHz; en julio pasado, tres meses después,
el llegaba el esperado portátil de consumo, el iBook; y sólo
un mes despuésen San Francisco, se presentaban los nuevos G4
plata y grafito a 500MHz. Y por el camino, lanzamientos de software
a parte, ha habido dos generaciones de monitores de LCD, el AppleStudio
Display de 15 pulgadas y el Apple Cinema Display de 22 pulgadas lanzado
junto con el G4, una nueva gama de monitores de CRT con los mismos colores
que el nuevo G3, presentación de tecnologías revolucionarias
como el AirPort y renovaciones de gama diversas en los G3 antiguos primero
y nuevos despues. Estoy hablando de un periodo de sólo doce meses.
Y en el apartado de software, la dosis anual no ha faltado: Mac OS 8.5,
Mac OS 8.6, Mac OS X Server, QuickTime 4 y QuickTime TV son las novedades
imprescindibles de este año.
Este año, además, la sensación de "obsoletismo
inmediato" que asola siempre a cualquier comprador de tecnología
se ha "llevado" mucho peor. El motivo, inédito hasta
hace un año, es que cada nuevo lanzamiento no sólo ha
significado más potencia y rendimiento sino también un
nuevo diseño y estilo. No importa que, en teoría, cada
uno de estos modelos vaya dirigido a un target distinto. Más
de un diseñador gráfico os habrá contado sus dudas
entre adquirir un iMac o un G3 (antes de los G4) y más de un
profesional moderno querrá exhibir consigo un iBook, por más
que le digan que el portátil profesional es el PowerBook. Y la
cosa tiene visos de seguir así porque Apple está implantando
a marchas forzadas el ordenador-electrodoméstico. Es decir, el
diseño, colores y aspecto de la tecnología empieza a contar
tanto como en el del resto de eletrodomésticos caseros.
A la tecnología, Apple le está sumando un componente de
seducción visual y lo que hasta ahora era una necesidad técnica
se convierte también en una necesidad mental inducida por el
diseño (a todos nos gusta tener cosas bonitas y si además
son más potentes que las grises y de aspecto anticuado pues no
hay más que hablar). Sólo que aquí no estamos hablando
de escurre-naranjas y tostadoras y el precio de no seguir el ritmo de
esta nueva "moda" es bastante superior.
Los que permanezcan inmunes a los cantos de sirena del diseño
y potencia de la tecnología probablemente crean que viven más
tranquilos pero no es cierto. A menos que se viva recluido en un mundo
en el que no hay intercambio con el exterior de ningún tipo y
aún así se me hace difícil de imaginar es
imposible mantenerse al margen de los tiempos sin ser abandonado por
ellos (léase imposibilidad de ser competitivo, de optimizar nuestro
tiempo o de descubrir nuevas posibilidades creativas por ejemplo). Que
sólo quieres el ordenador para navegar por Internet, pues cuidado
porque tienes que estar al día como el que más para poder
utilizar las últimas generaciones de browsers o tecnologías
indispensables como Java. Que sólo quieres el ordenador para
escribir tus trabajos, pues lo mismo, como no te actualices no podrás
utilizar las nuevas herramientas de procesamiento de textos (y las viejas,
descatalogadas, acabas por no poder usarlas por falta de mantenimiento).
Que quieres el ordenador solo para jugar
pues peor. Ahí
lo tienes tan mal como el profesional más avanzado sino estás
a la última.
Es el sino de nuestro tiempo, o te subes al tren o te quedas en la cuneta
a menos que seas alguna versión moderna (y aceptada) de Josep
Pla.
Publicado en
el nž 12 de MacByte, octubre de 1999