¿Crónica
de un futuro imposible?
Tal vez las cosas no ocurran de este modo pero las posibilidades reales
de que así sea probablemente nos sorprenderían.
Por
Núria Almiron
"Año 2015. Entro en una tienda de informática, en
Internet claro. Estoy buscando la última actualización
de mi módulo de procesamiento de textos. La encuentro, la meto
en mi cesta electrónica y me acerco a la librería. No
tienen mucha oferta, sólo algunos libros de gran consumo para
animar el catálogo. Mi vista se fija en uno en particular. Es
uno de esos jactanciosos y autocomplacientes títulos de autor
norteamericano, de esos que parecen llevar las barras y estrellas grabadas
a fuego en el corazón, (me consuelo pensando que no todos los
norteamericanos son así). La obra está integrada a una
colección de libros de empresa, una especie de compendio de las
grandes decisiones de la justicia norteamericana o de cómo
la mayor democracia del mundo nos salvó a todos. En su
portada, un gran edificio, inmenso, es un rascacielos partido en dos.
Lo ojeo buscando el capítulo que no puede faltar y descubro que
todo el libro está dedicado a él. Otro más. He
visto cientos como éste aparecer sin cesar en los últimos
años.
"Sigo mi paseo de compras, me paro un momento en el área
de Atención al cliente para abrir una videoconferencia. Hace
tiempo que quería quejarme de un paquete que me llegó
abierto. Estamos en el siglo XXI y seguimos teniendo que recibir la
mayoría de productos como en la época de nuestros abuelos,
las infraestructuras de la información aun no están a
punto, y menos en este país. Al menos ya no tenemos que comprar
tanto papel periódicos, revistas, libros, eso sí
que llega electrónicamente cada día a nuestro Lector.
Por cierto, me acabo de comprar uno precioso. Pesa sólo unos
gramos, lo elegí de color esmeralda y, lo mejor de todo, es plegable
hasta el extremo de quedar reducido al tamaño de la manzana de
su icono. Puede leerme las noticias en voz alta, o enviarlas directamente
a mi cerebro yo lo prefiero, así sólo tengo que
pensarlas. Pero sigamos, después de ver la cola de espera en
Atención al cliente decido pasar, ya me quejaré otro día.
Voy directamente a la sección de juegos, no encuentro lo que
quiero así que decido pedirlo, abro otra videoconferencia. No
estoy de suerte, el comercial no está ocupado pero está
de mal humor. Desgraciadamente la tecnología no ha conseguido
fabricar aún buen-humor enlatado, sería de lo más
práctico. En fin, le pido una aventura de rol ambientada en el
siglo XX, no recuerdo el nombre pero se que te permite elegir entre
cientos de escenarios e incluye todas las situaciones históricas
de la microinformática de finales del siglo pasado, los años
en que una incipiente tecnología ganó su mayor batalla.
Me encanta revivir ese momento, aunque el inverosímil escenario
en que se invierten los papeles y un señor llamado Steve Jobs
se convierte en el hombre más rico del mundo también me
divierte mucho.
"Se me ha hecho tarde, meto el paquete en la cesta y a pasar por
caja. De vuelta al sofá de mi estudio me paso un rato contemplando
mis viejos pósters de papel: retratos de Picasso, Einstein, María
Callas,... Están gastados y roídos, que material
más endeble el papel, destrozar árboles para esto,
pero me recuerdan el mejor momento de mi vida, aquel en que decidí
vender mis acciones de Microsoft, antes de que esta desapareciera, como
narra el libro que vimos en la e-tienda, dividida en dos grandes mitades.
Por un lado quedó una empresa de software (que por cierto desarrolla
productos maravillosos), y por otro un fabricante de unos sistemas operativos
que se fueron a pique hace años. Bueno, creo que aun le queda
como el 30% del mercado taiwanés o algo así. Si, el final
del siglo pasado fue una gran época: los ordenadores dejaron
de ser piezas grises para convertirse en diseños a todo color
que encajaran con cualquier parte de nuestro mobiliario y la industria
del software se sacó de encima un gran peso, todo un lastre que
frenaba el desarrollo y la innovación. Gracias a ello, en estos
últimos doce años hemos avanzado más en tecnologías
de la información que en todo el siglo XX enterito. Mientras
me hago esta reflexión paso la vista por el rincón donde
coloqué a mi iMac translúcido, de los primeros. Una pieza
de colección que obviamente ya no utilizo pero que me encanta
mostrar a mis amigos. Si, yo fui uno de los que ayudó a que todo
volviera a cambiar".
18 de noviembre de 1998. Hoy un tribunal de los EE.UU. ha dictaminado
en contra de Microsoft y a favor de Sun. El Java de Microsoft era un
atentado contra la esencia y filosofía del Java original de Sun.
Microsoft tiene tres meses para arreglarlo. No es la primera batalla
legal que pierde la compañía pero es especialmente significativa.
Microsoft estaba sibilinamente desvirtuando el concepto mismo de Java
barriendo, una vez más, para casa. Si un juez se ha dado cuenta
de esto mi ejercicio anterior de ficción podría no ser
tan imposible, y menos con la cantidad de causas legales que tiene abiertas
la empresa de Bill Gates. Tarde o temprano alguien tendrá que
colocar a este señor, que parece haber confundido el desarrollo
de software con la conquista del salvaje oeste, en su sitio (es decir,
lo teletransportarán al salvaje oeste... ;-) ).
Publicado en
el nž 3 de MacByte, diciembre de 1998