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No Piracy

Por Núria Almiron


No Piracy, no a la piratería, es el lema de una de las organizaciones más activas contra el uso de software ilegal, la BSA (Business Software Alliance). Tal vez no os suene este nombre pero no se trata de una asociación cualquiera. Entre sus miembros internacionales se encuentran empresas del calibre de Adobe, Microsoft, Novell o Corel (y entre los miembros de su consejo de protección legal están Compaq, IBM, Intel, Intuit, Sybase y Apple). La BSA se define como una asociación que lleva a cabo actividades para “sensibilizar al público sobre las ventajas del uso de programas originales frente a copias piratas”. Y yo me pregunto ¿a qué público?
Los desarrolladores de software están cansados de la lacra de la piratería. En 1997 el índice aproximado de piratería registrado a nivel internacional fue del 40% (en España es muy superior), lo que se cifra en unos 114.000 millones de dólares de pérdidas sólo en 1997. Arguyen que la piratería informática tiene un efecto negativo en la economía mundial y sin duda debe ser así. Si ésta no existiera se venderían muchos más productos y el precio de estos disminuiría; y los desarrolladores dispondrían de más recursos para destinar a investigación y desarrollo (y ganarían más dinero también, claro). Pero ¿tienen algún efecto campañas como las de la BSA (que por cierto podéis encontrar en www.nopiracy.com)? ¿Producen realmente alguna influencia en los consumidores clave? Lo dudo, más bien creo que dispersan inútilmente sus esfuerzos.
Nadie puede esperar que un traductor de libros, por ejemplo, se compre Illustrator o Freehand, además del procesador de texto de turno, para abrir los gráficos que ilustran puntualmente algunas obras y traducir sus leyendas; tarea esta que no le ocupa ni el 1% de su trabajo. Sin embargo, es de esperar que sí lo haga una pequeña empresa multimedia por ejemplo. En la práctica esto no es así. En estos momentos solo las grandes empresas, multinacionales y administraciones publicas tienen copias legales en un porcentaje importante, para ellas es demasiado flagrante utilizar software ilegal de forma amplia y reiterada como se hace en... el 90% de las Pymes. Y aquí creo que es donde a mi entender está el “público” clave al que la BSA debería apuntar. Además, muchas de estas empresas son editoriales, desarrolladores de interactivos, productores multimedia, etc... Precisamente los que más en deuda están con las nuevas tecnologías de la información.
Intentar concienciar a un periodista, traductor o diseñador freelance que trabaja en su casa de que tiene que pagar todo el software que utiliza es lógico y necesario pero no se conseguirán frutos de ningún tipo hasta que los precios de estos productos se reduzcan drásticamente, y para ello es necesario que los desarrolladores puedan vender muchas más copias de ellos. Las Pymes están en posición de lograr esta reducción de precios. En este país, por ejemplo, sólo con que la mitad de ellas pagará la mitad de las copias de programas que utilizan los desarrolladores se frotarían las manos incrédulos. La BSA debería concentrar sus campañas en las pequeñas y medianas empresas por tres motivos:
a) Porque lo que hacen no sólo es ilegal e inmoral sino que además da un pésimo ejemplo a los trabajadores. “Si el jefe no paga por el Photoshop, pagaré yo por utilizarlo en casa...” debe pensar más de un empleado. Las Pymes son escuelas del uso y abuso ilegal del software.
b) Porque se están haciendo un flaco favor. Normalmente tienen versiones obsoletas, no tienen asistencia técnica ni manuales, ni pueden actualizarse periódicamente con lo que sus niveles de productividad bajan notablemente. Alguien debería explicarles esto con cifras y detalles.
c) Porque son los que pueden permitirse comprar todo el software que utilizan. Deberían contemplarlo como un gasto más de la empresa (como el teléfono o la electricidad) y no como un coste innecesario.
¿Cómo es posible que editoriales especializadas en informática no tengan ni una copia legal de Photoshop, Quark o Freehand (o como mucho una) en sus ordenadores? ¿Cómo es posible que empresas de interactivos no tengan licencias de Illustrator, PageMill o Word para todos sus empleados?
Si la BSA se centrara en el sector de las Pymes creo que las cosas podrían avanzar también a nivel doméstico. No se trata sólo de un problema de concienciación sino de cultura empresarial. No es excusa que sea más fácil copiar que comprar, además de más barato. También podríamos coger el metro o el tren sin billete fácilmente cada día y no lo hacemos. Todos entendemos que para poder disfrutar de transportes públicos de calidad tenemos que pagar un precio (y si no lo entendemos, las multas y el bochorno público nos disuaden de intentarlo). Este precio también existen en el software (multas incluidas). Y, lo más importante, ya existe un público objetivo en posición de pagarlo: una gran miríada de pequeñas y medianas empresas cuyos beneficios se deben en buena parte a las herramientas de software que utilizan. La BSA debería empezar por aquí, estoy convencida, y la tendencia se extendería como una ola hacia abajo, paralelamente a la paulatina reducción de los precios.
Mientras tanto, sin embargo, todos podemos poner nuestro granito de arena aunque sólo sea poniendo en evidencia a estas empresas que desprecian lo que justamente les está dando de comer (y no usando productos piratas, claro).

Publicado en el nž 4 de MacByte, enero de 1999