Cuando
el consumidor manda...
El final de la guerra entablada entre SyQuest e Iomega
es toda una lección de márqueting
Por
Núria Almiron
A veces hay algunas noticias que por previsibles o por asimilación
lenta no llegan a despertar el interés que la más elemental
lógica les adjudicaría. Algo así es lo que ha ocurrido
con la debacle de SyQuest. Después de tres años de un
degoteo constante de pérdidas, tanto financieras como de cuota
de mercado, que SyQuest se declarara en bancarrota el noviembre pasado
no mereció más que unas breves líneas en algunos
medios del sector y, como mucho, algún artículo de opinión
perdido por la red. Y sin embargo, lo que le ha ocurrido a SyQuest nos
ofrece algunas claves muy valiosas para evaluar las tendencias que dominan
el mercado.
Hablando de dominar, ¿alguién hubiera puesto en duda el
dominio de SyQuest en el almacenamiento removible de hace sólo
cinco o seis años? Muy pocos. SyQuest dominó este mercado,
que prácticamente puede decirse ella misma creó, sin que
nadie ni nada le hiciera sombra, con excepciones muy contadas como los
cartuchos Bernoulli de Iomega. Pero cuando esta empresa despertó
de verdad las cosas empezaron a cambiar. Se dice fácil pero no
lo es tanto cuando "dominar" significa disponer de la mejor
tecnología y estar en todas partes por haber llegado antes que
nadie. Parecía que con eso bastaba, o eso decían los analistas
al principio. Especialmente recuerdo a más de un distribuidor,
editor o diseñador no dando un duro por el Zip: sólo 100MB,
quién iba a querer discos de sólo 100MB... Por lo visto
mucha gente.
Pero vayamos por partes porque la cronología de la historia es
de lo más elocuente. SyQuest era a priori el lider en almacenamiento
removible hasta que Iomega lanzó el Zip en 1995. A partir de
aquí, SyQuest no ha ido más que ha remolque de los acontecimientos.
Primero contraatacó con el EZ135, una unidad más rápida
que el dispositivo de Iomega y con mayor capacidad, pero también
más pesada y mucho más delicada. Después vino el
EZFlyer, una unidad que leía cartuchos de 230MB y que ya era
algo más ligera. A continuación SyQuest hizo de todo:
modificó el diseño de la funda de los discos para que
los EZFlyer cupieran en el bolsillo como los Zips, les añadió
una ventanita encima como a estos últimos e incluso se inventó
un nuevo sistema de reconocimiento del ID SCSI mediante parpadeos luminosos.
Finalmente SyQuest tiró la toalla en el almacenamiento removible
dirigido al consumo e intentó concentrarse en el almacenamiento
de mayor envergadura dirigido al profesional, argumentando que 1GB sería
la demanda de capacidad mínima del futuro (y probablemente sea
cierto). Pero ya era demasiado tarde. SyQuest ni siquiera fue capaz
de aprovechar los graves problemas que Iomega tuvo con algunos cartuchos
Jaz de los que llegó a sustituir hasta 75.000 unidades defectuosas.
El pasado otoño la compañía anunció que
estaba buscando una inyección de capital "desesperadamente"
(eso no lo decía literalmente pero se podía leer entre
líneas). Finalmente se declaraba en bancarrota en noviembre y
todo parecía haber terminado para ella hasta hace escasamente
unas semanas. El 13 de enero pasado saltaba la noticia: la empresa que
iba a comprar buena parte del activo de SyQuest para reflotarla sería
Iomega. En realidad, el objetivo de Iomega no es que SyQuest sobreviva;
el objetivo de su transferencia de 9,5 millones de dólares ha
sido mucho más que un montón de acciones de valor dudoso
o el permitir respirar con alivio a todos los usuarios de productos
SyQuest (que han visto así abierta de nuevo una linea de soporte
y mantenimiento). Lo que Iomega ha logrado con esta operación
es apoderarse de toda la propiedad intelectual de SyQuest (dando así
un fin más que inesperado a los litigios por patentes abiertos
entre ambas).
Pero ¿como ha sido posible tal cambio de papeles? Con talento
y estrategia. Estrategia que no tuvo SyQuest, cuyos niveles de costes
le hacían imposible competir en precios con Iomega (volcándose
demasiado tarde en esta nueva tendencia que es el outsourcing). Pero
SyQuest fue además enormemente miope en términos de mercado.
Iomega, al contrario, detectó de inmediato que la demanda estaba
en el mercado de consumo y que sería esta la que haría
disparar el mercado del almacenamiento removible en general. Y al mercado
de consumo no le importa tanto la perfección del mecanismo de
sellado de las unidades para que no entre polvo en ellas o si éstas
tardan 5 segundos más o menos en responder. Lo que quiere este
mercado es la mejor relación precio/capacidad de almacenamiento
y esto es lo que les dio Iomega, junto con un buen diseño (más
robusto y más bonito), un buen servicio (el servicio de recuperación
y sustitución de los discos con problemas de Iomega es inmejorable),
y mucha vista comercial (¿cómo pretender que el consumidor
se acuerde de nombres tan estrambóticos como EZ135 o SQ5200C
frente a los simples Zip o Jaz?).
De hecho, el propio Zip original azul podría decirse que fue
como el iMac de Iomega, introdujendo por primera vez en
este sector el color y las formas atractivas. Que el consumidor lo eligiera
como dispositivo preferido de forma tan apabullante debe haber dejado
con la boca abierta a más de un experto que sólo
apostaba por los diseños profesionales. Y es que el pulso del
mercado lo marca y marcará el consumo ¿es que aún
queda alguien que no se haya dado cuenta?
Publicado en
el nž 6 de MacByte, marzo de 1999