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El eterno compromiso
Lo quieran o no los medios de comunicación acaban tomando partido en sus informaciones

Por Núria Almiron


He discutido muchas veces con amigos y no tan amigos si el periodismo debe ser una profesión comprometida o no. Debido a que, personalmente, como a nadie escapa, estoy comprometida con mi trabajo, muchas veces me han echado en cara que eso resta imparcialidad a las informaciones que yo pueda transmitir. Los hay que defienden que el periodismo sólo puede ser neutro para hacer llegar la información en estado puro al usuario y que éste juzgue por sus propios medios. Algunos incluso rechazan que el periodista pueda realizar una mera labor de selección (para por ejemplo evitar convertirse en transmisor de falsedades que sólo persiguen objetivos concretos). Para ellos, el periodista debe ser un mero puente de comunicación entre la información, sea cual sea ésta, y el usuario, nada más.
Siento discernir profundamente con estas personas. No sólo porque crea que es mucho más interesante y creativo que la gente esté comprometida con su trabajo, para que lo realice mejor, sino también porque creo que es completamente imposible que nadie pueda ser tan neutral e imparcial en nada.
Y todo esto viene a colación por el número de marzo de una revista española de economía y empresa que cayó en mis manos y que traía en portada (en segundo plano y letra pequeña pero en portada) un reportaje sobre Apple. Sólo es un ejemplo más de los muchos que podemos encontrar a diario pero este es especialmente visible para nosotros pues se centra en nuestra plataforma.
El caso es que el éxito del iMac es tal que ha conseguido que publicaciones de este tipo, tan alejadas del entorno del Mac en nuestro país, lleguen a publicar reportajes sobre Apple ¡en sus secciones dedicadas a ejemplos de éxito empresarial!
En el citado artículo, por ejemplo, el autor claramente no quiere tomar partido de lo que dice o deja de decir y presenta el tema, el éxito reciente de Apple, con sus contrapartidas, las dudas que tienen muchos analistas sobre el citado éxito. Pero resulta que no querer comprometerse de entrada ya es en sí una contradicción cuando estás publicando el artículo en la sección de “éxitos empresariales” de tu revista. Además, el autor tampoco conoce el tema en profundidad (no citar al Mac de 128K de 1984 en un recuadro sobre los productos que han hecho evolucionar a Apple es la mejor muestra de ello) y da la sensación que sus únicas fuentes de información son la ristra de tópicos sobre el Mac que circulan en el entorno PC (tan abundantes en este país) y la versión oficial de Apple España. No es que sean fuentes poco sustanciosas pero claro, sólo con eso vas un poco cojo, especialmente cuando te has erigido en mero transmisor de la noticia y pretendes que sea el lector el que juzgue libremente a partir de tus datos.
En definitiva, el descubrimiento de este artículo te hace pensar que algo ha cambiado para que Apple merezca ocupar cuatro páginas de la sección de éxitos de una revista empresarial española. Pero después de su lectura, uno se da cuenta que lo único que ha cambiado es que ha vuelto Steve Jobs. Steve atrae, seduce y cautiva. Es carne de portada. Pero a parte de eso, lo demás sigue como estaba.
Y si no a seguir leyendo en la misma publicación. Dos reportajes más allá en ese mismo número lo vemos bien claro. En un artículo sobre equipos informáticos recomendados por la revista no aparece un G3 ni por casualidad, mientras en el recuadro de estadísticas de ventas de 1997 que incluye el mismo reportaje se muestra que cuando Apple aún no había sufrido el efecto iMac ya aparecía en ellas. Por poco que cuente para los grandes analistas ese 2,86% que Apple ocupaba de cuota de mercado en España, ciertamente es mucho más que formar parte de la miríada de empresas sin desglosar que forman el 49,79% restante (el “otros”), algunas de las cuales sí ven sus modelos recomendados en el artículo.
En fin, que todo este tipo de “periodismos” de neutralidad bien poca. La teoría de “no mojarse para el que lector juzgue por cuenta propia” acaba siendo una forma más de “mojarse”, sólo que encubierta. ¿O es que en los anteriores ejemplos no se está sirviendo en bandeja al lector una mentalidad y una actitud concreta frente a un ordenador que se le cita como éxito, se le dedica un reportaje de cuatro paginas, aparece destacado entre los siete primeros en las estadísticas de ventas y sin embargo no existe a la hora de las recomendaciones?
Al final es lo de siempre, todos estamos comprometidos de una forma u otra sólo que algunos recurren a la imparcialidad para no tomar partido abiertamente o para esconder una profunda ignorancia sobre el tema (el Mac es una víctima habitual de esta ignorancia). Vaya que la honestidad no es uno de los valores más en boga hoy en día.

Publicado en el nž 7 de MacByte, abril de 1999