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Open-Source
¿Hacia dónde va Apple? Reflexión sobre la última gran sorpresa de Steve Jobs

Por Núria Almiron


Durante el lanzamiento oficial el mes pasado del Mac OS X Server, Steve Jobs nos brindó una de esas noticias que deja distraídos a los medios de comunicación durante unas cuantas semanas: el paso a open-source de un paquete de tecnologías del núcleo básico del primer sistema operativo servidor de la compañía. Pero ¿Qué significa todo esto?
El open-source (literalmente “codigo-fuente abierto”) es una filosofía nacida en el mundo de la informática académica donde no existe la presión comercial y sí la intelectual. Es decir, donde prevalece el compartir libremente la información antes que el venderla. Según esta filosofía, apoyada por diversas organizaciones, el software debe ser completamente gratuito. Cualquiera debe poder usarlo y alterarlo para incluirle las modificaciones y mejoras que crea necesarias. A cambio, y como contrapartida, todos estos cambios y mejoras deben hacerse públicos para que todo el mundo pueda compartirlos y así vuelta a empezar. El grupo de desarrolladores que apoyan esta filosofía es amplio y se ha demostrado que si esta comunidad open-source apoya un software en concreto puede llegar a hacerlo avanzar notablemente. Los mejores ejemplos recientes son Linux, el SO basado en Unix, y Apache, el software servidor web.
Pues bien, Steve Jobs hizo público que habrá un conjunto de componentes del Mac OS X Server, que ha englobado bajo el título de Darwin, que estará disponible y abierto para quien quiera usarlo y modificarlo lo cual la convierte en la primera “major”, como los americanos denominan a las grandes empresas, en apuntarse a la filosofía del open-source. Hasta ahora la reacción habitual de las grandes empresas ante el open-source ha sido de literal pánico (algo así como la reacción que tendría la Coca Cola ante la posibilidad de regalar su fórmula magistral). De modo que la iniciativa de Apple tiene su mérito.
También es cierto que las tecnologías que conforman el paquete Darwin que se ha hecho público no incluyen ningún gran secreto de la compañía. En su mayor parte son otras tecnologías open-source mejoradas por Apple (mejoras que siguiendo las normas del open-source Apple tiene a su vez que hacer públicas como es el caso de las realizadas sobre el microkernel Mach y la versión de Unix del Berkely Standard Distribution que corre encima del Mach y sobre el software servidor web Apache) y de alguna otra tecnología propiedad de la empresa pero no crucial (AppleTalk y el HFS+). Apple no hace público nada relativo al interface gráfico del Mac por ejemplo, ni nada sobre QuickTime. Y no es menos cierto que las cláusulas bajo las cuales Apple hace público Darwin son de lo más restrictivas y aseguran el control total y absoluto de la compañía sobre el software escrito utilizando su código. De modo que la entrada en el open-source que hace Apple es algo simbólica para empezar. Pero Steve Jobs ha dicho que a Darwin le seguirá más y la respuesta de la comunidad de open-source, una vez repuesta de la sorpresa, ha sido muy favorable. Y es que, si se hace bien, todos tienen algo a ganar.
En primer lugar Apple puede conseguir una motivada comunidad de desarrolladores gratis que pueden aportar mucho a su software y crearse así una buena imagen entre ellos, lo cual significa apoyo en general para un sistema operativo que acaba de nacer. Los desarrolladores de open-source, por su lado, ven por descontado con buenos ojos que una empresa del calibre de Apple se apunte a la tendencia, tan poco comercial a priori, del código fuente abierto. Pero ¿es tan “anticomercial” hacerlo para Apple? Lo habría sido de no haber realizado una apertura limitada. Evidentemente no tendría ningún sentido que Apple hubiera hecho públicas partes fundamentales de su sistema operativo pues sería como regalar lo que te da de comer, por ejemplo el interface que sigue diferenciándole de la competencia (si cualquiera puede tener un interface Macintosh, ¿quién compraría productos a Apple?). Pero de forma controlada el tema puede no ser tan arriesgado.
El software open-source tiene un aliciente adicional para muchos: es software no controlado por Microsoft. El éxito de iniciativas como Linux o Apache no ha hecho más que demostrar que existe un grupo creciente de empresas que buscan alternativas a Windows NT. Bien sea por los problemas de seguridad y estabilidad del NT como por la mala imagen que la empresa está recibiendo con el aireamiento de sus trapos sucios en el juicio que mantiene abierto con el gobierno de los Estados Unidos, el caso es que la desconfianza hacia Microsoft ha aumentado recientemente y la aparición de sistemas como Linux ha abierto los ojos a nuevas vías reales. Sin embargo, Linux sigue siendo inadecuado para el uso de clientes de sobremesa, sus diversas versiones de interface gráfico no alcanzan los estándares comerciales y muy pocas empresas quieren basar su trabajo en un producto cuya evolución depende del consenso general de un grupo de programadores sin objetivos predeterminados. El hueco para empresas como Apple está pues servido.

Publicado en el nž 8 de MacByte, mayo de 1999