Dudas existenciales
Por
Núria Almiron
Aunque pueda parecer
lo contrario, este espacio que compartimos Joan Lesán y yo no
pretende exacerbar los ánimos entre usuarios de PC y usuarios
de Macintosh (al menos yo no lo pretendo) sino, o esto es lo que debería
ser, ofrecer opiniones contrastadas para que ustedes cuenten con más
datos a la hora de valorar y enjuiciar productos y decisiones empresariales.
Normalmente, eso es lo que yo pretendo hacer puesto que a pesar de estar
convencida de la superioridad del Mac OS frente a Windows, no estoy
en absoluto de acuerdo con muchas de las decisiones de Apple ni creo
que sus productos sean lo mejor del mundo sin paliativos. Sin embargo,
en cuanto a líneas empresariales tengo mis dudas. Apple siempre
ha parecido querer destilar una áurea completamente distinta
a la de Microsoft. Nació como una empresa pionera y a lo largo
de su historia ha apostado mayoritariamente por la innovación
frente a otro tipo de estrategias empresariales. En sus comienzos buena
parte de su fuerza se debió a un espíritu que, por imperativos
de mercado, se ha perdido. Apple, consciente de ello, ha explotado al
máximo este espíritu y lo sigue haciendo incluso ahora
(¿no se deberá a eso la vuelta de Jobs?), a fin de cuentas
siempre es más bonito creer en una empresa que dice perseguir
ideales y no mero éxito económico.
Microsoft, a este respecto, ha sido mucho más honesta
desde siempre. En ningún momento ha intentado esconder que su
único y exclusivo objetivo era dominar el mercado, a cualquier
precio. Su estrategia fue clara desde el principio. Cuando en 1980 IBM
le pidió a Bill Gates un sistema operativo para sus PCs que corriera
sobre el nuevo chip de Intel, Microsoft fue corriendo a buscarlo a la
única empresa que hasta ese momento había diseñado
un sistema para el nuevo chip. Le costó 50.000 dólares.
A continuación vendió el sistema a quién se lo
había pedido, IBM, (y no precisamente por 50.000 dólares)
y además se quedó con la posibilidad de licenciarlo abiertamente
(genial). Así empezó a crecer esta empresa también
tildada de pionera. Pero Microsoft ha demostrado reiteradamente
no tener complejos. Otro ejemplo más reciente es su afán
por dominar el mercado de los browsers Web. Apareció tarde y
mal en este sector, cuando ya Netscape ocupaba el 80% del mismo y con
un producto inferior y que tenía que comprarse, frente al browser
gratuito de Netscape. En pocos meses, Microsoft ha cambiado las tornas.
Su Explorer ya casi es tan bueno como el Navigator y para colmo, este
último ya no se distribuye tan abiertamente como antes y en cambio
Microsoft regala el suyo (algo inaudito en la historia de esta compañía).
Y es que todo vale para liderar el sector (y lo mismo para la autoedición,
redes, juegos, entretenimiento, etc.) Personalmente aborrezco la mayoría
de estrategias aplicadas por Microsoft (y lamento muchas de las de Apple)
pero reconozco su sinceridad para con su objetivo en este mundo: doblegarnos
a todos.
Publicado en
PC Plus nž 8, junio 1997