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El futuro de Internet y la crisis mundial

Octubre 2001 - Núria Almiron

La crisis global desatada a raíz de los atentados terroristas del día 11 de septiembre inevitablemente marcará un antes y un después para Internet, y quien sabe si también para el desarrollo de la denominada sociedad de la información. Que Internet no estuvo a la altura como medio de información quedó bien claro las primeras horas y días después del accidente, cuando la televisión recuperó su papel de medio de masas por excelencia mientras las webs de noticias se veían obligadas a ofrecer información con cuentagotas para agilizar al máximo la consulta simultánea de tantos millones de internautas. No fue así como medio de comunicación: la Red fue el principal medio de contacto entre familiares y amigos en pleno colapso. Pero las cosas han cambiado y pueden cambiar todavía más.

Los efectos de la crisis

Numerosas borrascas se ciernen ahora sobre el cielo de Internet. A la menor predisposición de la nueva administración Bush hacia el fomento de las autopistas de la información, que lanzaran e impulsaran los anteriores inquilinos de la Casablanca, hay que sumar ahora el enorme giro dado en la política norteamericana. El aumento del presupuesto militar y de espionaje va a tener sus efectos sobre otras partidas del gasto público y ello puede afectar al impulso de las infraestructuras, de la alfabetización o de la educación digitales (hay que tener en cuenta que el gobierno norteamericano era quién más recursos económicos inyectaba a la sociedad de la información).

Pero la amenaza inmediata más tangible tiene que ver con la intimidad, la vida privada de los usuarios (lo que los norteamericanos denominan privacy y aquí algunos traducen como “privacidad”). Solo dos días después de los atentados, el Senado norteamericano aprobó la Combating Terrorism Act of 2001, una ley antiterrorista que incluye apartados tan polémicos como la posibilidad de “pinchar” cualquier servidor de Internet y controlar de este modo todos los contenidos incluidos en él en forma de páginas web, mensajes de correo o documentos. Según el borrador de la ley, ello sería posible, además, sin permiso judicial de por medio, bastaría con que un fiscal lo solicitara para su investigación. Algunos ya han advertido que ello supondría automáticamente la posibilidad de que el FBI exigiera instalar su programa espía Carnivor en cualquier ordenador para leer los documentos privados electrónicos de cualquier potencial sospechoso. Carnivor es un software que pone los pelos de punta a todos los activistas por una Internet libre.

Y es que la psicosis terrorista que vive en estos momentos Estados Unidos, y buena parte del mundo occidental, está teniendo consecuencias directas sobre la forma de pensar de muchas personas que podrían ver ahora con mejores ojos acciones que hasta el día 11 eran repudiadas por la mayoría. En Estados Unidos muchos usuarios ya estarían dispuestos a perder parte de su libertad si con ello aumentarán su seguridad. De repente, casi tres cuartas partes de los estadounidenses se han vuelto partidarios de prohibir las herramientas de encriptado si con ello evitaran ataques terroristas (el 72% según una encuesta realizada por la empresa Princeton después del día 11). La encriptación es la técnica que permite cifrar mensajes, es decir, protegerlos de forma que nadie que no tenga la contraseña adecuada pueda leerlos. Estos sistemas pueden servir a los terroristas para ocultarse pero también son esenciales para el futuro del comercio electrónico, que requiere el traslado confidencial de abundantes datos personales de los clientes. En lugar de la Red libre que muchos quieren, Internet podría acabar siendo la Red más vigilada.

 

En Diario de Levante - ©2001 Núria Almiron


© Núria Almiron 2000