El
eCommerce hoy
Marzo
2002 - Núria Almiron
Internet
existe desde hace más de treinta años. Pero la Internet
de los portales, los buscadores, los juegos, los chats y, sobre todo,
la Internet de las tiendas, apenas tiene diez años de vida (el
World Wide Web nace en 1993). Y sin embargo eso ha sido suficiente para
construir una red de redes multimedia e interactiva que nos prometía
mucho y de todo. Algunas de estas promesas no se han cumplido todavía
(lo cual no significa que no vayan a cumplirse nunca) y otras están
sólo a mitad de camino.
La
revolución por llegar
Durante
los primeros años de la Internet-Web, la Red fue terreno exclusivo
de sus usuarios. Fuera de los reductos científicos y académicos
(los que alimentaran en principio a esta red), eran los particulares
con su voluntad y su esfuerzo los que empezaron a llenarla de contenidos.
Así surgieron las primeras iniciativas que acabarían convertidas
en proyectos empresariales, aunque en ese momento pocos eran conscientes
de estar montando empresas. Lo que hacían era explorar un terreno
nuevo y apasionante y su trabajo atrajo a miles de otros usuarios. Cuando
el volumen de atención captado por la Red empezó a ser
notable los ojos del capitalismo se posaron sobre ella. Si había
gente, había negocio. Durante esos primeros años, entre
1996 y 1998 surgió de la nada toda una nueva industria: la de
las puntocom. Montar un negocio en Internet tenía mérito
por sí solo, simplemente por llevar un puntocom al final. Tras
los intentos fallidos de explotar el acceso a Internet y la generación
de contenidos, el sector estuvo de acuerdo en que el negocio en mayúsculas
iba a estar en la publicidad y el comercio electrónico. Las predicciones
que se hacían para ambos negocios mostraban siempre cifras de
miles de millones de pesetas con crecimientos anuales impresionantes.
Siempre se nos decía que al año siguiente sería
el del despegue del comercio electrónico y la publicidad, pero
el año siguiente nunca llegaba.
La
euforia fue tal que numerosas empresas brick-and-mortar (empresas de
cemento y ladrillos, tradicionales vaya) arrancaron iniciativas más
que arriesgadas por simple pánico a perder la oportunidad de
estar bien posicionados cuando esos dos grandes negocios despegaran
en Internet. Hubo un momento en que incluso se creyó que los
negocios tradicionales desaparecerían algún día
engullidos por lo digital. Esa época coincidió con el
punto álgido del prolongado periodo de crecimiento ininterrumpido
que experimentaron los Estados Unidos. El primer país del mundo,
y el que más ha desarrollado el comercio electrónico,
estuvo creciendo nueve años consecutivos sin inflación
por lo que llevó a algunos a pensar que las reglas de la economía
habían cambiado. Luego se ha visto que no fue así y que
lo que ocurre es que esto va deprisa, pero no tanto.
El comercio electrónico se está desarrollando más
lentamente de lo previsto pero el problema no está en el comercio
en sí sino en las exageradas expectativas puestas sobre él,
especialmente en países como España en donde la tradición
de comprar por correo es mínima y la alfabetización digital
destaca por su ausencia. Perder el miedo a usar la tarjeta de crédito
para compras importantes en la Red y habituarse a una forma de comprar
que es bien distinta de la tradicional (con sus ventajas y desventajas)
es cuestión de tiempo. Mientras esto llega, la euforia por todo
lo puntocom ha sido barrida por la crisis y numerosas iniciativas de
comercio electrónico han desaparecido o han tenido que readaptarse
a las nuevas circunstancias (menor confianza de los inversores).
Ir
de compras por Internet
En
estos momentos es bien evidente que Internet no hará desaparecer
al comercio tradicional sino que se unirá a él con fuerza
para ayudarle a mejorar su oferta. Todo indica que algunos negocios
van a tener solo una presencia testimonial fuera de Internet, porque
la Red es un medio ideal para ellos (por ejemplo la banca o las subastas
online), pero que muchos otros van a seguir existiendo de forma tradicional
aunque con una presencia Web complementaria cuya importancia puede variar
en función del tipo de negocio: por ejemplo ahora un periódico
puede hacer comercio electrónico gracias a Internet y las tiendas
de libros, vídeos y DVDs han encontrado un escaparate inmejorable
en webs de terceros. La tendencia es pues a la mezcla (las clic-and-mortars
que dicen los norteamericanos) y a que el comercio electrónico
no esté localizado en lo que comúnmente llamamos tiendas
sino en todas partes.
En
efecto, la mayoría de portales, buscadores, directorios, medios
de comunicación y otros servicios digitales que no constituyen
tiendas en sí mismos están ofreciendo productos (directa
o indirectamente) para complementar sus escasos ingresos publicitarios.
El comercio electrónico ha tenido una tímida expansión
horizontal (un poco en todas partes) en lugar de la prevista y masiva
expansión vertical (mucho en las tiendas pensadas al efecto).
En España la oferta es creciente pero el usuario no sale igual
de crecido (léase, satisfecho) de todas partes. Las tiendas de
libros y música son las que más proliferan (Casadellibro.com,
Fnac.com, Submarino.com recientemente adquirida por Carrefour, Papiros.com,
Loslibros.com
), aunque la lista de proyectos que han cerrado es
casi igual de larga (Bol, Interbook, Crisol,...). Últimamente
las únicas que se atreven a seguir montando librerías
online son las propias editoriales (Boschce.es ya lleva tiempo pero
Edicionesb.com es más reciente y Casadellibro.com es una iniciativa
de Planeta). Y es que tener una tienda online elimina muchos costes
de infraestructuras tradicionales pero añade otros inexistentes
con anterioridad: los relacionados con la tecnología (que debe
ser capaz de garantizar la seguridad de los datos, ofrecer un proceso
de compra rápido, sencillo y fluido y no colapsarse cuando un
puñado de usuarios compran a la vez). ¿Parece fácil?
Pues no lo es.
El
sector de los hipermercados lo demuestra. Elcorteingles.es o Capraboacasa
son dos de las más importantes iniciativas del mundo real que
se han instalado en Internet. Si no tiene tiempo de ir a hacer la compra
y vive en una gran ciudad ambas le sirven, pero no espere encontrar
toda la oferta que existe en la tienda física ni espere mucha
rapidez si no se conecta con una conexión de banda ancha. Sin
duda, un servicio al que Internet le sienta como anillo al dedo es el
bancario. Uno-e.com (del BBVA y Telefónica), Patagon.es Bank
(filial del SCH), Bancopopular-e.com o eBankinter.com son buenos ejemplos
de ello. Este último pasa por tener uno de los mejores proyectos
europeos de banca electrónica. Además, al contrario de
lo que ocurre con los hipermercados, con los bancos se puede conseguir
más productos en Internet: como las comparativas de precios que
nos indican cual es la mejor hipoteca o crédito del mercado o
el servicio que centraliza todas nuestras cuentas bancarias en un mismo
punto, aunque no sean del mismo banco (en eBankinter.com). Pero los
bancos no son los únicos que han encontrado en Internet a su
media naranja. Las agencias de viajes también están explotando
ya de verdad la Red. Se trata de un sector que no para de crecer (Travelocity,
Expedia, Priceline, Amadeus,
) y que está revolucionando
a sus intermediarios (Iberia, por ejemplo, los ha puesto a todos en
su contra al empezar a vender directamente en Internet). Y, por supuesto,
está el comercio electrónico por antonomasia: la venta
de tecnología. Además de los Amazon de turno hay cada
vez más fabricantes que venden a través de Internet. Algunos
con exclusividad (Dell.com), otros con mucha experiencia a sus espaldas
(Applestore.com) y otros con mucha ambición (Sonystyle.com);
todos ellos saben que salen con ventaja: sus clientes son los más
habituados a Internet y están más alfabetizados digitalmente
que la media.
En
estos últimos ejemplos es donde mejor se aprecian los beneficios
del comercio a través de Internet: no hace falta desplazarse,
están abiertos las 24 horas del día los 7 días
de la semana (aunque las transacciones y los envíos se realizan
en días laborales) y pueden ofrecer mejores precios porque tienen
ciertos ahorros en los costes. ¿Desventajas? Pues que todavía
estamos aprendiendo. La seguridad está prácticamente garantizada
en todas las tiendas citadas (las que están arropadas por marcas
importantes detrás) pero desarrollar tiendas virtuales donde
la navegación sea intuitiva y donde todo funcione a la perfección
es un arte para el que se requieren años de experiencia y veteranía.
Muy pocos pueden jactarse hoy en día de ir sobrados de ellas
en Internet.
Publicado
en Revista R, marzo 2002-
©2001
Núria Almiron