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Adiós a Don

Por Núria Almiron


Después de dos meses sin escribir ni una palabra para Macuarium por un exceso de trabajo, qué triste es volver a hacerlo por el motivo que me obliga. Lo leía por primera vez hace unas horas en un escueto comunicado de MacBits: Don Crabb falleció el pasado fin de semana a los 44 años después de tres largos meses de hospitalización por enfermedad. Parece imposible pero es cierto, el infatigable y enérgico Don ya no está con nosotros.
En nuestro país Don Crabb no era todo lo conocido que merecía así que muchos de los que leáis esto tal vez estéis a punto de abandonar este texto. No lo hagáis, por favor. Dejad que os cuente quien era Don.
Don era un personaje impresionante: periodista, escritor, educador, showman y tipo lúcido y claro como pocos. Su perfil tanto profesional como físico (talla 50 para arriba) era típicamente americano, de esos que en Europa aún se considera a veces algo exótico e irreverente: directo y llano, comunicador nato, de verbo punzante, terriblemente crítico y apasionado, Don era puro espectáculo.
Pero el señor Crabb (cangrejo en inglés, de ahí el guiño de su página web) era además un profesional como la copa de un pino. Su calidad e inteligencia le habían valido plaza fija en un montón de medios entre los que se contaban periódicos de gran tirada, revistas especializadas, medios electrónicos, radio y televisión. La lista de cabeceras es tan larga que cada vez que la releo sigue maravillándome la impresionante capacidad de trabajo que tenía este hombre; capacidad para hacer tanto y para hacerlo tan bien. Ese fue el motivo por el que me atreviera hace casi dos años a intentar ficharle, sin suerte, para el arranque de MacByte. El primer artículo prometido nunca llegó a mi buzón electrónico y vista su increíble agenda decidí no perseguirle más, al fin y al cabo quien era yo al lado del Sun-Times, Digital Chicago, MacWorld, PC Magazine, MacTech, MacCentral o MacToday; una minúscula editor-in-chief de una minúscula revista de un país con un mercado del Mac más minúsculo si cabe. No le conocí pues personalmente pero leía sus columnas desde que me conecté por primera vez a Internet en la primavera de 1995.
Don no era sin embargo un hombre propiedad exclusiva del mundo Mac. En Estados Unidos, y especialmente en Chicago, era considerado todo un gurú de Internet y de todo lo que se preciara llevar el prefijo "ciber". Desde que empezara en un lejano 1980 a publicar artículos sobre software y hardware en Infoworld, la actividad periodística de Don no había cesado sin mengua de sus otras múltiples facetas: escribía libros (hay una colección de Mac con su nombre en Hayden/Macmillan), daba charlas y conferencias, cursos, coloquios, aparecía en programas de TV, asesoraba a empresas y universidades , e incluso tenía un programa de radio semanal en la WGN-AM, una emisora de Chicago.
Don era, además, un personaje culto, algo siempre de agradecer en un entorno donde es tan fácil tropezarse con tecnófobos de formación exclusiva; como dice Roger Ebert en su despedida: Don no era un tunnel-vision tech-head (intraducible, literalmente sería "una cabeza tecnológica con una visión tunelizada ", es decir, una visión cerrada, orientada y sin otros aportes). Don tenía una mente rica y cultivada –probablemente le ayudara a ello su background nada técnico (había estudiado Historia en la Universidad de Ohio) y su infinita curiosidad–, y desde que vio nacer el Mac en 1984 había puesto esa mente brillante al servicio de este fabuloso pedazo de máquina (para goce de la plataforma y de todos nosotros of course).
Sus columnas no tenían desperdicio. Podías estar o no de acuerdo con él pero siempre rebosaban ingenio. Para mi, leerle siempre era divertido y clarificador. Don era una de mis principales referencias en el sector. Era lo que a mi me hubiera gustado ser. Su temprana e inesperada desaparición nos deja sin un acicate impulsor y trunca una carrera prolífica y polifacética que nos enriquecía a todos. Su herencia de libros y artículos es abundantísima pero en un sector como éste, donde todo corre más rápido que el viento, nada podrá suplir su rapidez de reflejos. Humanamente bien poco puedo decir, pero sus muchísimos amigos dicen que era tan generoso y entrañable en privado como crítico y punzante en público. Es fácil de creer.
Releyendo este texto me saben a tan poco mis palabras que no puedo hacer otra cosa que redirigiros a otros que pueden hablaros de él con mucho más derecho que yo. Encontraréis despedidas a Don en la red, como no: en http://www.macweek.com diversos de sus compañeros le recuerdan con cariño y en http://www.doncrabb.com aún tenéis una oportunidad de conocerle si no habíais tenido el privilegio antes.
Don era tan especial como insustituible, Sin duda hemos perdido uno de los mejores analistas, comunicadores y educadores tecnológicos que teníamos. Hoy es un día triste para la comunidad Mac y para todos los que amamos la tecnología.

Publicado electrónicamente en Nuria OnLine y en Macuarium el 29 de febrero del 2000


© Núria Almiron 2000