La
primera vez que me preguntaron si había espacio para una
nueva revista de Mac en España era 1994 y, por aquel entonces,
el mercado español de las publicaciones de Mac estaba habitado
por las licencias de las americanas MacWorld y MacUser y por poco
más que buenas intenciones nacionales, como las de MacPeople;
no había ningún producto autóctono que pudiera
competir con los dos grandes símbolos de la prensa maquera.
La siguiente ocasión en que me formularon la pregunta era
1999, Macworld había absorbido a MacUser y MacPeople ya no
existía. Por el camino habían nacido y desaparecido
en España revistas como Macformat (una cabecera británica
que tuve la suerte de dirigir y que tiraba más de 50.000
ejemplares en el Reino Unido con media docena de licenciatarias
en todo el mundo) y El Mac (otra cabecera británica que no
tuvo ninguna oportunidad aquí). En estos momentos, tras diversos
experimentos entre los que, por supuesto, destaca en envergadura
y ambición el de MacByte, MacWorld vuelve a reinar a sus
anchas en el paupérrimo mercado nacional. Porque todo hay
que decirlo, no estamos hablando de cifras que emocionen a ninguna
editorial. Cualquier cabecera británica o francesa vende
más ella sola que todas las cabeceras españolas, en
sus mejores épocas, juntas. En realidad, incluso la ilustrísima
MacWorld española está a la cola de Europa en comparación
con las ventas de sus hermanas continentales (no tengo los datos
actuales pero cuando era mi obligación estar al día
de todas estas cosas recuerdo que hasta los italianos compraban
más Macworlds que nosotros).
Los
tiempos que corren, además, no son buenos para nadie. La
concentración empresarial es un hecho en todas partes, empezando
por Estados Unidos, y las cifras de ventas de ordenadores parecen
indicar que puede estar llegándose a una especie de techo,
lo cual para Apple puede tener una doble interpretación:
que le va a ser todavía más difícil aumentar
(o no perder) cuota de mercado, y/o que va a tener que dedicar más
esfuerzos si cabe a conseguir traidores al PC (usuarios
que lo abandonan para comprarse un Mac) antes que nuevos usuarios
(sí, todavía hay de estos).
Dicho
lo anterior, ¿queda justificado con ello la dificultad permanente
del mercado español para disponer de una alternativa real
a MacWorld? Yo creo que no pero encontrar un modelo que funcione
es difícil por diversos motivos. En primer lugar porque una
revista para este sector nunca puede plantearse con los mismos objetivos
y estrategias que una publicación de, por ejemplo, eBusiness;
pero se ha hecho. También porque, a pesar de no requerirse
de grandes esfuerzos económicos, una revista de Mac, como
cualquier otro producto editorial, necesita de las economías
de escala de una gran empresa para ser rentable con lo que entramos
en lo que parece ser un callejón sin salida: las empresas
editoriales con sinergias (y, por lo tanto, de cierto tamaño)
no quieren saber nada del Mac y los evangelistas solitarios que
se atreven con el tema no tienen con quien compartir sus costes.
En todo caso no es una cuestión de lectores, los lectores
de revistas de Mac son tan fieles a las publicaciones como a sus
máquinas. Ni tampoco de publicidad (¿por qué
se tiende a pensar que la capacidad de atracción de publicidad
de Macworld es exclusiva de esta revista?)
Está
claro que aquí no hay mercado suficiente para seis o siete
cabeceras en papel, cifra desorbitada a la que se llegó a
mediados de los noventa en plena euforia digital (Internet hizo
vender muchas máquinas a todos mientras los editores de revistas
especializadas se frotaban las manos, cuando no perdían la
cabeza), pero creo que no se ha hecho todavía ningún
intento serio de alternativa independiente que nos permita evaluar
realmente cómo reaccionaría el mercado. Sin que ello
suponga el menor atisbo de menoscabo hacia Macworld (y todos aquellos
que la producen cada mes), parece evidente que su liderazgo en España
se debe, más que cualquier otra cosa, a su pertenencia a
un grupo internacional sólido que le arropa con una estrategia
coherente. Entre sus competidores nacionales no ha habido en todos
estos años estrategias coherentes ni asomo de seriedad. Quiero
recordar los principales ejemplos: MacFormat y el Mac tenían
por todo apoyo a una editorial de revistas porno y MacByte a una
empresa sedienta de formar parte de la burbuja especulativa cuando
a ésta todavía se la confundía con la nueva
economía. En suma, quizás ya sea demasiado tarde
para averiguarlo porque el mundo está cambiando muy deprisa
pero, en todo caso, a la pregunta de si cabe una alternativa real
en papel a Macworld en España sólo se me ocurre que
quién sabe, nadie lo ha probado de verdad todavía.
Mientras tanto, hay que reconocer que la decana española
es la única que dignifica un panorama editorial cercano a
lo patético (a cuenta de este patetismo
©
Núria Almiron 2002, publicado
en Macuarium.