Internet
y la Sociedad Global
¿Dónde está la revolución?
Por
Núria Almiron
Vivimos un
momento de grandes cambios. Aunque bien podríamos resumirlo en
uno sólo: el paso de toda una sociedad de átomos a un
universo de bits. Sin embargo hubo un cambio anterior, más prolongado
en el tiempo y menos participado por todos, aunque a todos nos concierne:
la globalización del planeta. La llamada "nueva economía"
no nace con Internet sino con esta globalización que propiciaron
los primeros flujos de capital que se movieron por el mundo. Desde entonces,
la economía ha sido más global que nacional y las bolsas,
la plaza de los mercaderes del siglo que dejamos, han dejado de vivir
en islas retraídas para interconectarse e influenciarse mutuamente;
aunque los ciudadanos no entiendan muy bien por qué tiene que
caer la bolsa de Madrid cuando se hunde la de Tokio o por qué
tiene que haber una bolsa europea común si la economía
de este continente quiere tener algo que decir en el siglo XXI. Globalización
es la respuesta.
Pero la fiebre "puntocom", como la denominan los norteamericanos,
ha generado tales dosis de adrenalina en este planeta que se ha llegado
a invertir el orden de los factores y parece como si Internet fuera
la globalización, cuando la Red no es más que una consecuencia
de ella. O deberíamos decir la "red comercial". En
realidad Internet existe desde hace muchos años. Sin ánimo
de hacer aquí historia, y menos de reiterar lo que casi todo
el mundo sabe, Internet nació como Arpanet, que fue su antecesora
y germen, en 1967, y se considera que Internet, como tal, nace cuando
el sector militar/científico y el civil se separan, o mejor dicho,
se separa el primero del segundo para volver a tener una red privada,
lo cual tiene lugar en 1983. Internet lleva pues unos cuantos años
de historia como red de redes. Sin embargo, la Internet actual es otra.
La red que habitamos hoy es una red principalmente comercial que nace
con la aparición de la World Wide Web en 1993 y aunque acerca
la globalización más que nunca al ciudadano, también
es cierto que su propio éxito es posible gracias a esa globalización.
Como asegura Juan Luis Cebrián en La Red y sugiere Manuel Castells
en La Era de la Información, la sociedad global de la información
no existe exclusivamente por obra y gracia de Internet. El momento en
que nace esta sociedad global puede situarse tanto alrededor de la economía
(con los primeros flujos de capital que empiezan a moverse a nivel planetario),
como alrededor de la esfera mediática (entorno al fenómeno
de los mass media), e incluso puede situarse como hacen algunos, Juan
Luis Cebrián entre ellos, en el momento en que se lanzan los
primeros satélites artificiales que permiten un acercamiento
en el tiempo y en el espacio de las señales audiovisuales. Pero
todos estos fenómenos son anteriores a Internet. Si leemos bien
a la mayoría de autores encontramos en casi todos referencias
claras a que la globalización es anterior a la sociedad de la
información, no podría ser de otra manera sin contradecir
la historia, pero esa no es la percepción que impera, por ejemplo,
entre los medios de comunicación, completamente seducidos por
la nueva revolución digital.
No obstante lo anterior, la globalización económica del
planeta que supuso que los mercados se interconectaran, el dólar
y el idioma inglés se internacionalizaran y las políticas
nacionales se afectaran mutuamente por primera vez, nunca llevó
a tanta gente a hablar de una "revolución" como está
ocurriendo en la era de Internet, de la Internet comercial quiero decir.
¿En qué medida esta Internet nos está revolucionando
la vida?
LA
NO REVOLUCIÓN
Internet, el fenómeno
de redes interconectadas sobre las que avanza la sociedad de la información,
ha aportado tales cambios en nuestros hábitos y sistema de vida,
y es susceptible de aportar tantos que aún no experimentamos
directamente, que algunos han llegado a comparar el "cambio digital"
con la revolución industrial o los efectos producidos por la
aparición de la imprenta, e incluso, aseguran otros, la revolución
digital superará a estos dos ejemplos que constituyen puntos
de inflexión tales que la historia de la humanidad ha pasado
página nueva con ellos. Sin embargo, y sin negar lo anterior,
esta euforia de las redes liderada por Internet contiene en sí
mismas muchos elementos que nada tienen de revolucionarios. Algunos
son obvios, otros no tanto.
Una
aldea global
En primer lugar, es palmario que Internet no es el primer referente
en construir una sociedad global, la aldea global de McLuhan lleva años
sirviendo de pretexto a unos y a otros primero para justificarla y más
tarde para reprochar su obsolescencia. Internet representa mejor que
nada ese concepto de comunidad global con que McLuhan definió
pro primera vez a la sociedad global en que los medios de comunicación
de masas habían convertido al planeta, pero esta sociedad globalizada
principalmente gracias a la televisión ya existía antes
de la Red.
Los
Hiper
Tampoco son nuevos muchos de los lenguajes que utiliza la nueva era
digital. El hipertexto, el hipermedia, los hiperenlaces son conceptos
todos ellos nacidos con anterioridad a la Internet comercial, como bien
se puede descubrir leyendo a George P. Landow o simplemente ahondando
un poco en la historia de las nuevas tecnologías y sus herramientas.
El propio concepto de hipertexto se remonta a los años 60 y existen
numerosos ejemplos pre-Internet de intentos de vulneración de
la linealidad impuesta por la tecnología de la imprenta. Cierto
es que con mayor o menor éxito, considerar a Rayuela, novela
insigne de Julio Cortazar, como primer ejemplo de hipertextualidad,
quizás es llegar demasiado lejos, pero no lo es en absoluto el
experimento Xanadú con hipertexto de Ted Nelson, y lo son claramente
algunos ejemplos de software de organización de ideas, conceptual
o educativo lanzados ya en la década de los ochenta, a diez años
vista de esta Internet del HTML..
Los
ciber
El propio concepto
de ciberespacio es anterior a esta era digital explosionada a partir
de las tres W. Ciberespacio, un término más o menos afortunado
según el gusto de cada uno, fue acuñado por primera vez
por el escritor William Gibson en su novela Neuromante en 1984 y forma
parte de la esfera terminológica del Ciberpunk, movimiento literario
nacido en la década de los ochenta y que busca la integración
de mundos tan dispares como la tecnología punta y la cultura
pop. La cultura de lo "Ciber" tiene sin embargo su apogeo
en la primera mitad de los noventa, justo antes de la aparición
de un ciberespacio tan real, tan amplio que lo abarca todo y tan integrado
a nuestras vidas que el concepto empieza estar en desuso con Internet
Bye
Bye multimedia
Algo similar ocurre
con el concepto de "multimedia", también presente en
la red. La multimedia fue el fenómeno estrella de la segunda
mitad de la década de los ochenta. La multimedia, combinación
de medios (básicamente texto, imagen y sonido) da lugar a una
información "enhanced", como dirían sus creadores,
es decir, optimizada, mejorada, y está entroncada con los conceptos
de hipertexto, hiperimagen e hipermedia en general. La multimedia no
posibilita obligatoriamente a estos últimos pero estos últimos
toman todo su sentido con la existencia de la multimedia. La información
multimediática tiene además la característica de
ser interactiva y aportó un mundo completamente nuevo al paisaje
de la informática de principios de los años ochenta, infestada
de crípticas líneas de comandos. El interface gráfico
hizo posible la incorporación de la multimedia a los ordenadores
personales y de esta manera el concepto se integró en nuestras
vidas. En estos momentos nadie afirma ya que Internet es la multimedia
por excelencia, cuando es el ejemplo perfecto de combinación
de medios interactivos en el tiempo y el espacio. La razón es
que el concepto está completamente en desuso muy probablemente
por un exceso y abuso del mismo.
Ahora
y aquí
¿Y la instantaneidad?
Internet parece ser la herramienta por excelencia del tiempo real, de
la accesibilidad instantánea, pero el tiempo, contemos en átomos
o en bits, sigue siendo una convención humana cuya mayor ilusión
es que se detenga, algo imposible precisamente porque no existe. Internet
no permite mayor instantaneidad que la que ya nos ofrecía el
teléfono por ejemplo, aunque esta tuviera una única dimensión,
y creer lo contrario es caer en esa ilusión antes citada.
Lo
virtual
La virtualidad es
otro concepto de moda, pero tampoco nace con la revolución del
bit actual. Si nos acogemos a la definición que Pierre Lévy
hace de lo virtual en ¿Qué es lo virtual?, la sociedad
virtual es una sociedad desterritorializada y lo virtual es "la
separación de un aquí y ahora particular". En este
sentido, la virtualidad no es algo nuevo e inherente a Internet, no
porque ya existiera antes, sino porque en realidad sigue sin existir
o, como dice Lévy, sigue sin estar en perfecto funcionamiento;
la virtualidad es aún un ideal. Quién no lo considere
así podrá, sin embargo, encontrar fácilmente en
ejemplos anteriores esa misma virtualidad que en palabras de Lévy
es un "telón de fondo que ha sobrepasado el mero ciberespacio
informático". Cualquier usuario del popular MiniTel francés
sentirá que ya vivía esa virtualidad limitada antes de
la era Internet. Pero probablemente Lévy siga teniendo razón
ahora como cuando escribió su libro en 1995: lo virtual, tan
ligado al concepto de inteligencia colectiva, está más
cerca de ser por ahora una mera idea que una realidad.
Grados
de interactividad
La interactividad
tampoco nace con la red Internet. La interactividad a nivel de bits
existe desde que se conectan los primeros ordenadores en red con lo
cual se permite un flujo y reflujo de datos entre las tecnologías
de la información. Pero es que, además, la interactividad
que permite Internet es en muchos casos unidireccional, es decir en
tiempo no real. En tal caso ¿es realmente interactiva una comunicación
de esta índole? Interactividad significa capacidad de actuar
sobre tu interlocutor u objeto de actuación que pierde buena
parte de su sentido si no se realiza simultáneamente, es decir,
en el preciso instante en que éste actúa contigo. Las
páginas web permiten una interacción en el tiempo de personas
que comparten información entre ellas y a través de ellas,
el correo electrónico acorta el tiempo de espera entre la actuación
de un y otro agente pero la verdadera interactividad es a mi entender
la que permite solicitar en tiempo real una actividad o información
concreta que se devuelve en tiempo real. Un muy buen ejemplo de interactividad
de verdad en Internet son los servicios de chat sexual con vídeo
donde el usuario o usuaria pide a la chica o chico de la cabina que
realice las posturas o actividades que desea ver y obtiene una respuesta
visual inmediata a cambio. La traslación de las cabinas de sexo
a la red demuestra cuan faltados de imaginación estamos en términos
de interactividad para las nuevas tecnologías.
Más
abundancia en cantidad
La red contiene
cantidades ingentes de información, cierto. Pero es común
oír argumentar que de hecho toda esa información ya estaba
disponible con anterioridad y que, en el fondo, la información
que antes no estaba disponible, sigue sin estarlo, a menos que seamos
piratas informáticos capaces de penetrar en los sistemas de seguridad
más eficientes (¿o deberíamos decir "deficientes"
desde que un chico de 18 años consiguiera vulnerar la privacidad
de las tarjetas de crédito del mismísimo Bill Gates dejando
en mera "anécdota" violaciones anteriores a centros
como la CIA o el Pentágono?). En este sentido, la red no aumentaría
el caudal de información y conocimiento que nuestra sociedad
genera en torrente tumultuoso desde hace años, aunque su mayor
accesibilidad pueda parecer que así es.
Quién
manda aquí
En situación
parecida está la correlación de poderes en la nueva era
digital. ¿Se ha producido algún cambio real? Internet
debería permitir perfeccionar nuestro imperfecto sistema democrático,
debería facilitar la igualdad de oportunidades para todos y debería
ayudarnos a aumentar nuestra conciencia social. Pero ¿qué
está ocurriendo en realidad? Que estamos reproduciendo una vez
más esquemas anteriores. Me parece especialmente acertado Juan
Luis Cebrián cuando afirma que la realidad virtual es "lo
más parecido al universo platónico que pueda imaginarse",
que en realidad la globalización no es más que una americanización
del planeta, y que es de desear que "la ensoñación
platónica de la caverna no acabe por asumir a los cibernautas
en la suposición de que son dueños y señores de
su espacio mientras éste es manejado, impunemente, por los poderes
exteriores", a lo cual matizaría yo, más bien manejado
por "poderes interiorizados conforme a una imagen y semejanza del
exterior".
La idealista plataforma de libertad y expresión que era la Internet
de los pioneros se ha convertido de la noche a la mañana, por
el asalto fiero de las grandes empresas de telecomunicaciones y del
resto de buena parte de la industria que ha aprovechado su estela, en
un escenario competitivo y salvaje como pocos. Las fiebres del oro,
de la industria del automovil o del ordenador personal, ejemplos clásicos
de momentos de euforia económica en la sociedad contemporánea,
parecen juegos de niños al lado de lo que está ocurriendo
ahora. Pero las fuerzas en combate son las mismas y, como siempre, vence
el capital, o para ser más exactos, quién posee mayor
cantidad de él. Nada nuevo pues aquí una vez se han enseñoreado
de Internet los de siempre.
Mundo
dual
Para colmo Internet
tampoco ayuda a destruir esa dualidad en la que, con mayor o menor peso
en la conciencia cada uno, vivimos en este planeta. La división
entre dos castas, la de los que tenemos algo o mucho y la de los que
no tienen nada que defender no hace más que acrecentarse con
Internet, que sirve para alejar más aún si cabe a unos
seres humanos de otros. No es una cuestión de acceso a la red
sino de que sirva de algo ese acceso. Facilitar la entrada a Internet
al pueblo saharahui puede ayudarle a difundir la injusticia que se está
cometiendo con ellos desde hace décadas pero no mejorará
para nada su nivel de vida sino más bien les ayudará a
hacer más evidente y flagrante su incapacidad para integrarse
a un mundo occidental trepidante y derrochador, en la red igual que
fuera de ella.
El
gran posibilitador, el gran limitador
Pero resta lo más
importante. Nada hay menos innovador en esta revolución digital
finisecular que la principal herramienta con la que interactuamos con
nuestras máquinas: los interfaces. Un teclado, un ratón
y un monitor son mecanismos de interacción que ya tienen un par
de décadas de antigüedad. El ratón y el entorno de
ventanas que vemos en la pantalla de nuestro ordenador y con el que
interactuamos mediante dispositivos señaladores es algo nacido
a principios de los años 60 en los laboratorios del Stanford
Research Institute de Douglas Engelbart. En realidad, Engelbart fue
mucho más que el inventor de estos dispositivos, fue el padre
de muchos de los conceptos que conforman aún en la actualidad
nuestro universo de trabajo virtual con un ordenador: el interface gráfico.
El interface gráfico tal y como lo conocemos ahora es deudor
de esa herencia de Engelbart tanto como de las investigaciones realizadas
primero en el famoso PARC (Palo Alto Research Center) de la Xerox en
Palo Alto, California, y ampliadas y optimizadas después en el
seno de una compañía que revolucionaría el concepto
de informática personal: Apple Computer. Sin embargo, aún
tomando a esta última como referente más próximo,
los dieciséis años que han transcurrido desde que naciera
el primer Macintosh son muchos años para que las cosas hayan
evolucionado tan poco en este sentido, especialmente en plena era tecnológica
y de la información. El interface gráfico constituye la
verdadera revolución en la informática personal en la
medida que permitió universalizar su uso y extender el ordenador
a todos los rincones. Pero los interfaces actuales, e Internet es un
buen ejemplo de ello, no son más que un legado de aquella revolución,
no hay innovación palpable para el usuario final desde hace dos
décadas, a pesar de los numerosos experimentos e laboratorio
que se hayan podido realizar con interfaces cognitivos (interactuar
con la mente) o virtuales (interactuar con el espacio).
DÓNDE
ESTÁ LA REVOLUCIÓN
Hasta aquí
algunos de los elementos que caracterizan al universo digital actual
pero que sin embargo le preceden y no le confieren ningún carácter
revolucionario. ¿Dónde estaría pues lo novedoso
del momento actual, aquello por lo que se entroniza a Internet como
fenómeno global por excelencia? Posiblemente la respuesta esté
en la combinación de todos ellos en un mismo marco y en las posibilidades
que de esa combinación, y de la existencia de una sociedad previamente
ya globalizada en términos económicos, se derivan.
Internet
como icono
Tal vez sea necesario
hacer un alto en el camino para definir qué es esta Red en mayúsculas.
Internet es un concepto que probablemente entrara en desuso dentro de
unos años, como en su momento lo hiciera el de multimedia, básicamente
por dos razones: la primera es que ningún término sobrevive
a un uso tan abusivo del mismo como se está haciendo con éste
en la actualidad. Su ubicuidad, en ocasiones frívola, lleva a
que cada vez suene a menos novedoso para acabar sonando a reiterado
y obsoleto. En segundo lugar, dejará de emplearse con tanta prodigalidad
porque Internet es un concepto nacido para un uso mucho más limitado
del que está recibiendo ahora. Pero el exceso en el uso del término
se comprende porque, en definitiva, Internet simboliza la puesta en
escena de la sociedad de la información, es su gran icono. La
sociedad red, la sociedad digital, la sociedad del bit, dejan de ser
conceptos etéreos que describen a la sociedad de la información
para convertirse en realidades palpables con Internet. La realidad aportada
por la red de redes constituye el campo de acción por excelencia
de la sociedad de la información.
Gran
confluencia
En la Internet nacida
a mediados de la década de los noventa confluyen todos y cada
uno de los elementos que hasta el momento formaban parte de realidades
separadas o incluso de campos de actuación limitados. Es cierto
que Internet no supone grandes novedades en términos de interactividad,
instantaneidad, virtualidad o libertad, cualquiera podía interactuar
virtualmente al instante con la mayor libertad antes de Internet (a
través de un BBS, Bulletin Board System, por ejemplo). Pero la
combinación de todos ellos en un universo intangible que atraviesa
todo el planeta de cabo a cabo genera un nuevo marco más interactivo,
más instantáneo, más virtual y con mayores dosis
de libertad de los que existían hasta entonces, a pesar de que
lo que atraviesa sea solo la parte "relevante" del planeta;
ni Mozambique, ni Kirguizstan, ni Bután, por poner sólo
tres ejemplos, han dado un vuelco a sus niveles de vida gracias a Internet.
Homos
participantes más que espectadores
Por otro lado, aunque
los niveles de información o de libertad prácticamente
sigan siendo los mismos, la red de redes ha desatado un fenómeno
nuevo e importante. Ha conseguido, por un lado, incitar a los centros
productores de información a tener telepresencia en ella, tanto
a instituciones, empresas, asociaciones o grandes organismos, como pueden
ser muchas bibliotecas que han sido convencidas de la importancia de
digitalizar sus catálogos para darlos a consulta a través
de la red, como a los usuarios finales particulares cuyos trabajos,
publicitados a través de la red, tienen una audiencia potencial
millonaria que jamás habrían pensado alcanzar y que en
ocasiones puede redundar en una mejora y ampliación del conocimiento
global de la sociedad (solo en ocasiones, no hay que olvidar la gran
cantidad de información difamatoria, demagógica o simplemente
no contrastada que se difunde también en la red). La capacidad
de selección del usuario frente a la información es un
hábito que pronto aprenderemos y que dejará bien pronto
aparcada en una esquina la problemática de la sobreabundancia
de información, ¿acaso no es suficientemente sobreabundante
la oferta de productos de una gran superficie comercial, y sin embargo
pocos y de poca importancia son los errores que cometemos en nuestra
selección ? Internet no solo ha permitido un más fácil
acceso a la información sino que también ha incitado al
aumento del número de polos creadores de contenido.
El
poder de la identidad
La red de redes
se ha constituido además, paradójicamente, en una fuente
más de creación de identidades. Manuel Castells explica
muy bien en el segundo volumen de su trilogía cómo, frente
a la globalidad actual, se detecta una reacción de la identidad.
Se trata de la contraposición de la singularidad cultural, la
individualidad personal y el control de la vida propia frente a esa
tendencia red. Sin duda, dos tendencias contrapuestas que ayudan a definir
la complejidad. Complejidad que bien podría ser el término
elegido para definir, si sólo pudiéramos utilizar una
palabra para ello, la sociedad actual. Complejidad, a su vez, que algunos
denominan también "caos", caos que surge de esa capacidad
de autoorganización de Internet, esa posibilidad de tener a millones
de personas interaccionando en círculos cuya composición
racial, nacional, social o cultural puede ofrecer infinitas variantes,
como afirma Cebrián, y que es en definitiva lo que permite imaginar
que el sistema de ordenación jerárquica de valores de
cada sociedad pueda ser sustituido por un caos, un caos organizado si
se quiere pero caos al fin y al cabo. "El caos", afirma Derrick
de Kerckhove en Inteligencias en conexión, "es como un caleidoscopio
que contiene información en el interior revolviéndose
y girando, cayendo en forma de patrones que tienen sentido".
En este marco, y frente a esta realidad, la sociedad reacciona. Y el
propio escenario del caos, Internet, se convierte en proscenio inmejorable
para recrear identidades que amarren a los individuos a alguna parte.
Internet genera así en su seno fenómenos de localización
que tienden a agrupar a los individuos en comunidades virtuales definidas
por motivos comerciales, culturales o sociales y que conforman pequeños
submundos ligados a alguna realidad material en el gran mundo que es
el ciberespacio. El éxito de los servicios de chat es un ejemplo
palpable. A pesar de las ventajas incuestionables que los chats aportan
al universo virtual de la red, permitiendo conversar en tiempo real
desde nuestros hogares con personas ubicadas geográficamente
en cualquier otra parte del mundo, las charlas en tiempo real en la
red son un ejercicio incómodo y lento. Incómodo por la
imposibilidad de razonar con argumentos extensos, lento porque siendo
en tiempo real no alcanzan a tener la velocidad de aquello a lo que
imitan, una conversación oral real, por culpa de nuestras aún
endebles comunicaciones. Sin embargo, el poder de atracción de
estos servicios ha sido monumental y ello se debe en parte a su capacidad
para crear sentido de comunidad entre sus usuarios.
La revolución de la red podría radicar pues en estos elementos.
Su capacidad para involucrarlos a todos aumentando sus efectos dentro
de su seno, como la mayor accesibilidad a los datos con el menor esfuerzo
posible, y la capacidad de ofrecer a las personas puntos de enganche
tan necesarios en una sociedad cada vez más "del aislamiento".
Internet es en mi opinión, contrariamente a lo que afirman algunos,
no un incentivo al aislamiento, sino un motivo para poder superar ese
aislamiento ya existente en nuestra sociedad antes de que la red de
redes invadiera nuestra cultura y cambiara nuestros hábitos.
Y este sería el principal concadenante de todo lo anterior. Internet,
siendo más o menos revolucionaria en sus características
intrínsecas, socava por completo nuestra forma de vida permitiéndonos
cambios drásticos en nuestros hábitos culturales, sociales
y económicos (incluyendo aquí los importantes cambios
laborales que induce y que tiran del carro de muchas costumbres). La
perversidad que puedan incluir estos cambios es, como siempre, fruto
de nuestros usos. La tecnología no responde de los usos o diseños
que nosotros pensemos para ella.
UNA
NUEVA CULTURA
Tan importante como
lo anterior es, también, la nueva dimensión cognitiva
que introduce Derrick de Kerckhove en La piel de la cultura. Sin duda,
la aparición de las redes introduce una nueva dimensión
a la experiencia humana, una dimensión que afecta a la conciencia,
a la mente y a la personalidad. No se si vamos hacia un nuevo nivel
de conciencia colectiva, que en su siguiente libro Kerckhove redefine
acertadamente como "conectiva", con "n" en lugar
de con "l", y privada, pero las conciencias de los seres que
habitan este ciberespacio no pueden permanecer incólumes a los
efectos de las nuevas tecnologías. Cuando los individuos pueden
limitar el tiempo desperdiciado en tareas rutinarias como ir a la compra
o desplazándose al trabajo, y pueden invertirlo en nuevas formas
de ocio y aprendizaje que algunos, como el propio Kerckhove, denominan
"cibercultura", o bien cuando es posible ampliar nuestro círculo
de relaciones sociales a niveles planetarios compartiendo espacios locales
en la globalidad, o cuando alguien tiene la posibilidad de dejar de
ser espectador pasivo y pasar a ser participante activo de un caudal
de conocimientos ingente, o simplemente cuando podemos trasladar nuestra
residencia particular a entornos más apacibles y alejados de
las estresantes criaturas que son las actuales metrópolis conservando
sin embargo nuestras fuentes urbanas de ingresos económicos o
incluso aumentándolas también a escala planetaria, todo
eso tiene que producir cambios no sólo en los hábitos
sino también en las conciencias. Un cambio trascendental no inminente
pero garantizado será el progresivo despoblamiento de las grandes
urbes allí donde ello sea posible, por que exista disponibilidad
de espacios colindantes. Las ciudades no desaparecerán pero la
descentralización urbana propiciada por las nuevas tecnologías
será un hecho en cuanto estas formen parte de nuestra piel, en
terminología Kerckhoviana.
Pero el ritmo al que avanzamos hacia esa sociedad digital más
real para algunos que para otros y completamente inexistente aún
para muchos, puede ser en ocasiones exasperaste. No estoy en absoluto
de acuerdo con Kerckhove cuando sostiene que no son el poderío
militar o el tiempo solar los que configuran el mundo actual sino las
ideas, los sentimientos y las expresiones de cultura y tecnología.
Los dos elementos básicos de esta sociedad red son las tecnologías
que las hacen posible y los contenidos, bits de información,
que mueven con ellas. Lo primero, estaba claro desde el principio, iba
a estar en manos, no "del poderío militar o el tiempo solar"
naturalmente, sino de los poderes económicos que se han venido
forjando desde el nacimiento de la era de la información con
la cultura audiovisual y de las telecomunicaciones. Lo segundo, los
contenidos, vaticina un mayor hueco o espacio para los individuos en
tanto que ciudadanos y no entes conductores de grandes conglomerados
empresariales. Sin embargo, el salvaje desembarco producido por las
grandes operadoras de telecomunicaciones en Internet, no sólo
a nivel tecnológico sino también de bits, de contenidos,
nos hace ser menos optimistas. Especialmente cuando vemos lo que está
ocurriendo con la expansión de las nuevas tecnologías.
En nuestro país, España, por ejemplo, se nos ha hecho
creer durante años que teníamos un problema de infraestructuras
grave, que arrastrábamos y nos lastraba. Que esto fuera cierto
en su momento no hace que lo sea menos el engaño en que está
sumido el ciudadano común, aquel que no tiene más información
al respecto que la proporcionada por la publicidad y escasamente los
periódicos, de lectura tan minoritaria. Un ejemplo de desfase
infraestructural grave era el relativo al cable de fibra óptica.
Si atendemos a lo que ha ocurrido en los Estados Unidos, que siempre
acaba reproduciéndose en Europa al cabo de unos meses año
y medio, dos años a lo sumo, en España, el cable
de fibra óptica es la mejor solución a corto plazo para
instalar a toda la sociedad en las autopistas de la información.
El RDSI (Red Digital de Servicios Integrados) ha prácticamente
desaparecido y el ADSL (Línea de abonado digital asimétrica)
se ha impuesto como segunda gran alternativa para todos aquellos reductos,
que son muchos, a donde el cable no llega. Según datos de, por
ejemplo, CECABLE (Centre dEstudis sobre el Cable), en Estados
Unidos el 70% de los hogares están conectados a algún
canal de TV por cable y, en Europa, países como Bélgica
alcanzan el 98% de superficie cableada. Pues bien, en España,
oficialmente, a principios del 2000, es decir ahora, la fibra óptica
llega a entre un 7% y un 10% de los hogares españoles, que son
las cifras que ofrecen los segundos operadores. Estos segundos operadores
gozaban de 24 meses de margen ya que Telefónica primer
operador con derecho sobre todas las demarcaciones debía
aguardar una moratoria de dos años para operar. Esa moratoria
ya ha expirado en algunas demarcaciones, pero Telefónica ha preferido
no lanzarse a explotar el cable para poder rentabilizar el par de cobre
con el RDSI y el ADSL. El RDSI es una tecnología completamente
obsoleta que no debería seguir instalándose a partir del
momento en que existe posibilidad de instalar ADSL. Es además
de conocimiento público que Telefónica Cable estuvo instalando
cable con fibra óptica de forma digamos que "ilegal"
o "prelegal" durante el periodo anterior a la concesión
de licencias por lo que, en realidad, la superficie con infraestructura
de cable en nuestro país es muy superior a las cifras oficiales.
Además, también según CECABLE, las previsiones
para el 2001 para los segundos operadores es que estos puedan superar
el 20% e incluso alcanzar el 30% de hogares. Si a ello sumamos las actuaciones
del resto de operadores (Al-Pi, Retevisión, Jazztel, etc.), la
superficie total preparada para disponer de conexiones de alta velocidad
en España podría alcanzar en el 2001 o el 2002 a Estados
Unidos. En estos momentos tenemos pues en España infraestructuras
suficientes para poder gozar de una telefonía local gratuita
gracias a tarifas planas mediante ADSL o cable, servicios que permiten
ambos simultanear llamadas de teléfono con transmisiones de datos
por Internet. Si no estamos disfrutando ya de ellas es simplemente por
una cuestión de estrategia empresarial de los principales agentes
de esta industria. Me parece que este es un claro ejemplo de que los
poderes fácticos clásicos, economía y política,
siguen dominando desgraciadamente a las ideas, los sentimientos y las
expresiones de cultura y tecnología de Kerckhove.
¿Y
AHORA QUÉ?
De modo que no hemos
ido tan rápido como hubiéramos deseado. En 1995 Nicholas
Negroponte auguraba en su célebre Being Digita traducido
correctamente pero sin ese matiz esencial del original como El Mundo
digital, que en el año 2000, es decir, de nuevo ahora,
habría más personas que "verían" Internet
que no personas que verían la Televisión. Ello no sólo
no se está cumpliendo sino que además, Internet se está
llenándose a marchas forzadas de contenidos "televisivos".
¿Qué son si no los grandes portales, autodefinidos como
"media companies" donde se trasladan los discursos, estilos,
retóricas y temarios de la televisión con el aliciente
añadido de la interactividad y de la inexistencia de publicidad
obstructiva, es decir, de publicidad que impida seguir viendo la programación
deseada? En Internet la publicidad es totalmente colateral, los escasos
intentos de ofrecer publicidad obstructiva, con ventanas del navegador
abriéndose frente a la ventana que estamos visualizando, en muchos
casos tienen efectos contrarios en la medida en que estas ventanas obstructivas
de la visión son cerradas para que no molesten antes de llegar
a cargar su contenido publicitario. Así que, por el momento,
la gran revolución de Internet ha sido su capacidad de absorción
de buena parte de los contenidos televisivos, lo cual irá en
incremento exponencial a medida que mejore la capacidad de transmisión
de vídeo a través de la red, algo que con las infraestructuras
adecuadas, como por ejemplo la fibra óptica que ya tenemos instalada
en buena parte del territorio español pero que no utilizamos,
sería una realidad ahora mismo.
A pesar de todo lo anterior creo que no podemos negar que esto tiene
todos los visos de ser una revolución, probablemente mayor a
cualquier de las anteriores con las que se le compara. Aunque por ese
mismo motivo, y atendiendo a la capacidad de desastre que la humanidad
demostró especialmente tras la revolución industrial cuyos
efectos culminaron en dos grandes y sangrientas guerras mundiales, siempre
es bueno poner sordina, como dice Cebrián, a estas comparaciones,
pues en la misma proporción podrían ser de nocivas las
consecuencias de un mal uso de las nuevas tecnologías. Me gustaría
poder decir que está en nuestras manos el rumbo que estas tecnologías
tomen pero lo cierto es que hace tiempo que a los ciudadanos se les
escaparon de las manos el control de las redes. Sin embargo, por lo
pronto, millones de personas se han visto involucradas en una nueva
realidad que les ha abierto unas posibilidades que nunca imaginaron
y, aunque esos millones de personas no sean la mayoría, y aunque
no esté completamente en sus manos el destino y uso de esas tecnologías,
lo cierto es que ahora poseemos más que nunca herramientas para
no ser pesimistas.
Inédito.
Preparado para la asignatura "Nuevas Tecnologías de la Infomación
y Efectos Culturales" de los cursos de Doctorado de la UAB.
Marzo 2000.
REFERENCIAS
CITADAS
La Red
Juan Luis Cebrián
Taurus, Madrid 1998
La Era de la
Información
Manuel Castells en
Alianza Editorial, Madrid 1996
La galaxia Gutenberg
Marshall MacLuhan
Circulo de lectores, Barcelona 1993 (primera ed. 1962)
Hipertexto. La
convergencia de la teoría crítica
George P. Landow
Paidós, Barcelona 1995
Rayuela
Julio Cortazar
Ed. Sudamericana, Barcelona 1968
Proyecto Xanadú
Ted Nelson
1971
Neuromante
William Gibson
Minotauro, Barcelona1984
¿Qué
es lo virtual?
Pierre Lévy
Paidós, Barcelona 1998(primera ed. 1995)
La piel de la
cultura
Derrick de Kerckhove
Gedisa, Barcelona 1999
Inteligencias
en conexión
Derrick de Kerckhove
Gedisa, Barcelona 1999
El mundo digital
Nicholas Negroponte
Ediciones B, Barcelona 1995