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ATTAC: la lucha contra el corazón del sistema Núria Almiron
Como es conocido, ATTAC (Association pour une Taxation des Transactions financières pour l'Aide aux Citoyens) es un movimiento cuya idea nace en diciembre de 1997 de un editorial de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique (“Desarmar los mercados financieros”). La plataforma se configura en junio de 1998 en Francia y a partir de ese momento se extiende por Europa y más tarde por el mundo entero (actualmente está presente en 35 países). Francia, no obstante, sigue siendo el motor del movimiento, cuya cifra mundial de miembros se sitúa hoy cercana a los 100.000. ATTAC se autodefine como un movimiento plural, democrático y participativo que persigue devolver el poder a la ciudadanía, de forma que podemos situar a esta organización en el bando de los denominados movimientos anti- o alterglobalización. Pero esa reaproximación no gubernamental del poder al pueblo destaca por encima de todas las demás opciones de los llamados alternativos: ATTAC va a por el corazón del sistema, las finanzas. Esta organización, cuyo segundo nombre es “Movimiento internacional para el control democrático de los mercados financieros y de sus instituciones”, realiza una doble proeza. En primer lugar es capaz de identificar el problema en toda su magnitud y, al mismo tiempo, sencillez: la pobreza, la desigualdad, las crisis económicas, la explotación, la injusticia en el planeta se debe a la falta de mecanismos democráticos de regulación y control del núcleo de poder del sistema, esto es, de los mercados financieros. Y este problema tiene nombres y apellidos concretos: especulación internacional; paraísos fiscales; opacidad en las inversiones internacionales; ausencia de marcos legales para las operaciones bancarias y financieras, y hasta una preocupante interconexión entre la crisis de la deuda pública de los países en vías de crecimiento y la desregulación de los mercados financieros. ATTAC tiene la osadía, además, y esta es su segunda hazaña, de situar este ámbito tan distante a la opinión pública en el terreno de la lucha cívica, al nivel más bajo, el de la calle. Esto es, tiene la audacia de poner a las finanzas mundiales sobre la mesa de trabajo de una ONG de base popular y de dibujar un programa de acción para luchar, desde la ciudadanía (no desde despachos de abogados progresistas, asociaciones de profesionales activistas o laboratorios de universidades, únicos reductos donde hasta el momento se abordaba el problema), contra el poder de las finanzas. Su éxito al respecto es alentador, una cantidad pequeña pero creciente —e imparable— de ciudadanos conscientes y solidarios entiende hoy por qué México (1994), el sudeste asiático (1997), Rusia (1998) y Brasil (1999) padecieron las tremendas crisis económicas que padecieron (todas ellas fruto de las maniobras de los capitales especulativos) y por qué la propuesta del premio Nóbel de economía estadounidense James Tobin tiene tanta razón de ser. Las dos grandes críticas que le hacen sus detractores no se sostienen. La primera, que los mercados financieros no constituyen el gran poder oculto del mundo queda en evidencia cada vez que se constatan las cifras: el importe total de las transacciones financieras internacionales es 50 veces mayor que el valor del comercio internacional de bienes y servicios. El poder del dinero financiero tiene su mejor ejemplo en los EE UU. Este país, el más rico y poderoso del planeta es, a su vez, el más endeudado. La clave equilibradora de su déficit comercial y corriente radica en su primacía financiera: EE UU es el primer emisor de dinero (pasivos) de curso internacional. O lo que es lo mismo, la atracción que ejercen los pasivos financieros (o deudas) que emiten las entidades domiciliadas en su territorio es tal que permite al país más empeñado del mundo liderar la economía mundial. La segunda gran crítica que se le hace a ATTAC es la imposibilidad de aplicación de la Tasa Tobin sobre los mercados financieros. Esta tasa, cuyo objetivo seria no sólo gravar los movimientos de capitales especulativos sino también desalentar la mera especulación, no podría ser aplicable, según los escépticos, sobre aquellos movimientos más perjudiciales, por la opacidad y falta de transparencia en la que se realizan. El periodista francés Denis Robert, en sus libros Revelaciones y La Caja Negra, desmontó ampliamente esta tesis. La revolución tecnológica que ha acompañado e impulsado a la globalización ha dotado a sus agentes de las plataformas indispensables para poder llevar bien las cuentas de sus clientes. Bastaría con colocar bajo control democrático a las dos grandes cámaras de compensación internacionales (el denominado clearing, ahora bajo supervisión exclusiva y hermética de los propios bancos) para estar en posición de controlar los más importantes flujos de capitales mundiales. Una larga lista de personalidades de reconocido prestigio apoyan a ATTAC, pero son las decenas de ciudadanos anónimos que luchan por poner a las finanzas mundiales bajo control democrático y por dotar al resto de ciudadanos de una opinión independiente, activa y bien informada en este ámbito, los que sustentan un movimiento que los medios de comunicación y la clase política no debería ignorar. ATTAC da en la diana de los males de este planeta.
© Núria Almiron, publicado en revista Contrastes, número 39, abril-mayo 2005
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