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Venus y marte desde tu ordenador

Núria Almiron

El cielo nocturno nos ha fascinado desde los albores de la civilización. Hay testimonios de que hace 5.000 años en Oriente Medio ya se tenía un conocimiento amplio de estrellas y constelaciones. Hoy el firmamento nos sigue fascinando, y con la tecnología lo tenemos más cerca que nunca.

 

Hace más de 2.500 años se dieron nombre a las 12 constelaciones del zodíaco — las que se encuentran en la línea que transita el Sol, la Luna y los Planetas en su viaje en el cielo a lo largo del año—. Fue en ese momento, y en concreto en la Grecia antigua, que la astronomía dio sus primeros pasos de gigante. Cuando en el siglo XVII Galileo hizo las primeras observaciones científicas del cielo nocturno con su primitivo telescopio, los conocimientos astronómicos acumulados ya eran muy considerables. Y ello a pesar de los muchos esfuerzos de la Iglesia Católica en Occidente por adecuar esos conocimientos a sus preceptos. Con Galileo Galilei nació una nueva era de conocimiento astronómico.

La concepción del mundo y su entorno —nuestra galaxia y el universo— dio un vuelco, y si recordamos a Galileo no es sólo por su contribución a ello sino porque lo que vio con su telescopio este astrónomo y físico italiano, precursor de la revolución científica iniciada por Copérnico, fue prodigioso para la herramienta utilizada. Cualquier telescopio para aficionados es hoy mejor que el pequeño y rudimentario aparato de Galileo. Y, sin embargo, él alcanzó a vislumbrar objetos lejanos nunca vistos hasta entonces, como las fases de Venus o las cuatro lunas en órbita alrededor de Júpiter. Desde Galileo hasta el actual telescopio Hubble hay un largo trecho. Pero es un trecho fascinante, mágico y tan apasionante como el misterio de la vida.

Escudriñar el cielo por la noche nos transporta en el más espectacular viaje imaginable. Y no se precisa de una nave espacial o un telescopio para ello, bastan unos pequeños prismáticos y un ordenador a nuestro lado. Conectado a Internet, por supuesto.

Primero: para situarnos

En primer lugar debemos situarnos. El cielo nocturno nunca es el mismo y aunque hay un llamado “cielo de verano” y otro “cielo de invierno” más o menos característicos, lo cierto es que ahí arriba todo se mueve cada día —y, para ser exactos, nosotros tampoco paramos de movernos. Uno de los mejores sitios para ubicar planetas y constelaciones rápidamente y de forma muy precisa es Heavens Above, una página muy visitada donde sólo debemos indicar nuestra posición para que ella haga el resto. Una forma de empezar es, por ejemplo, eligiendo la opción Select your Location, a continuación Spain y escribiendo la población desde la que vamos a hacer la observación. Imaginemos que estamos en Cangas de Morrazo. Escribimos Cangas y automáticamente se nos presentan las diversos Cangas localizadas. Elegimos la población de Pontevedra y la página se adecua automáticamente a esta posición. En la lista de opciones, Whole Sky Chart nos muestra el cielo desde Cangas, en el día y hora de la consulta.

Heavens Above también muestra gráficos de todas las constelaciones, las posiciones de los planetas, de algunos cometas y la localización de los satélites espaciales, por ejemplo de la Estación Espacial Internacional. Aunque estos datos requieren de una cierta pericia para sernos de utilidad no dejan de ser ilustradores. Los datos básicos sobre el sistema solar, el sol, la luna y otros datos planetarios no requieren más que un poco de atención y pueden resultar muy interesantes para los no expertos. Por ejemplo para situar a Plutón, el último planeta del sistema solar, al que llegará la sonda de la Nasa News Horizons dentro de 10 años.

Segundo: lo mejor que hay que ver

Si la observación directa es una experiencia filosófica que recomendamos encarecidamente, la observación indirecta, a través de Internet, es un ejercicio de una seducción plástica insospechada. Dos son las fuentes en las que podemos encontrar imágenes espectaculares, ambas igual de recomendables. La primera son las agencias espaciales o los centros de investigación públicos y privados. El rey de todos ellos es, por supuesto, la NASA. En su página web la NASA ofrece información detallada sobre todas sus misiones e impresionantes fotografías de ellas. En los diversos centros públicos y privados, sobre todo aquellos con grandes telescopios, las imágenes de los planetas del sistema solar o de nebulosas o estrellas lejanas son experiencias cósmicas de una poesía inenarrable. Véase por ejemplo el sitio del telescopio Hubble o el de nuestro Instituto de Astrofísica de Canarias.

Fuera de los ámbitos profesionales es posible encontrar imágenes con un grado de detalle variable pero igualmente espectaculares y que constituyen una experiencia recomendable por dos motivos. El primero es porque también los aficionados obtienen imágenes de gran belleza de las que podemos disfrutar todos. La segunda es para hacernos una idea de lo que se puede lograr hoy en día con un equipo amateur. Las rojizas bolas marcianas, los anillos de saturno o las nubes de Júpiter que inundan páginas y páginas de Internet; o las muy diversas galaxias, nebulosas y cúmulos de todas las formas y colores —siempre recreados— que cuelgan los aficionados son la expresión manifiesta de la enorme pasión que desata el enigma del universo en muchas personas. Podemos encontrarlas en asociaciones astronómicas, clubs y webs personales, entre otros.

Tercero: para aprender

Por último, Internet es una fuente de datos mayor que ningún libro para aprender sobre astronomía, una ciencia repleta de sorpresas para iniciados y no iniciados. En ella se puede leer, por ejemplo, la historia de las constelaciones del zodíaco que, tras más de 2.500 años de haber sido asociadas a figuras mitológicas hoy apenas mantienen sus formas originales. No te extrañe si te insisten en la figura de un carnero, unos gemelos, una flecha o un león y tu no ves nada. Las constelaciones se han movido desde entonces; se han, por así decirlo, desdibujado.
Los aficionados y profesionales también te pueden aclarar muchas dudas en la Red, como qué es ese objeto tan brillante que durante todo el otoño puede verse en el horizonte al anochecer y que muchos confunden con una estrella. Sólo que desaparece a las pocas horas. Se trata de Venus, el segundo planeta a partir del sol en nuestro Sistema solar, y el planeta más cercano a la Tierra. Venus es, además, el planeta más caliente del sistema solar. Su atmósfera es tan venenosa que nada ni nadie podría vivir en ella, ardería debido al calor extremo o sería aplastado por la altísima presión atmosférica. Conocido también como el “lucero del alba” o el “lucero del atardecer” es todo lo contrario a Marte, el punto más naranja o rojo del cielo, que a pesar de su color es un planeta frío y con volcanes extinguidos que han dejado cráteres inmensos, como el Olympus Mons, un volcán con 24 kilómetros de elevación.

En Internet también podemos encontrar las posiciones y trayectorias actuales de las misiones lanzadas hace ahora casi 30 años —las sondas Voyager, que están a punto de salir del sistema solar después de haber visitado Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno y enviarnos imágenes sorprendentes— y datos clave que quizás no nos ayuden a entender qué hacemos en este planeta, pero si a relativizar al ser humano y su poder en él. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, posee más de 100.000 millones de estrellas y la estrella más cercana a nosotros (a parte de nuestro sol), está a 4,27 años luz de la tierra (más de 40 billones de quilómetros). A una patada, comparada con otras. Cuando en estas noches claras de invierno observamos bajo el cinturón de Orión —esas tres estrellas en línea también llamadas las tres marías— la nebulosa de su mismo nombre, estamos viendo una gigantesca nube de hidrógeno que el flujo de rayos ultravioleta, procedente de las estrellas que contiene, ioniza y hace luminiscente, manteniendo a una temperatura de aproximadamente 10,000 grados centígrados. Con unas dimensiones notables, un diámetro de casi 30 años luz, Orión constituye la zona de formación de estrellas más brillante y más próxima a nuestra galaxia; está a 1,600 años luz, 374 veces más lejos que la estrella más cercana.

En suma, observar el cielo nos hace pequeños. Pero ¿acaso no lo somos? Y, por supuesto, la respuesta a si existe vida fuera de la Tierra se nos presenta tan nítida como la lechosa mancha de la nebulosa de Orión: parece del todo inverosímil que podamos estar solos en esta inmensidad. Otra cosa es que nos encontremos.


Enlaces mencionados

Heavens Above: http://www.heavens-above.com/
NASA: http://www.nasa.gov
Instituto de Astrofísica de Canarias: http://www.iac.es/
Telescopio Hubble: http://hubblesite.org/
Agrupaciones astronómicas gallegas: http://www.astroriasbaixas.org/ - http://www.agrupacionio.com/ - http://www.denebola.org/japp/vega/ - http://usuarios.lycos.es/ophiuchus/INDEX.htm - http://www.terra.es/personal6/achernar-/ -

 

© Núria Almiron, publicado en revista R, nº69, marzo 2006

 


© Núria Almiron 2000