Sufridos
e-usuarios
Por
Núria Almiron
Que la sociedad digital está solo despegando en nuestro país
no es ninguna novedad. Pero en Internet no hay barreras y uno navega
entre continentes sin apenas percibir, más allá del idioma,
que ya no está "en casa". Hasta que se topa con los
bits españoles (y lo mismo vale para los europeos, los latinoamericanos,
etc.). Comparado con el dominante y veterano escenario norteamericano,
el nuestro es todavía precario e inestable y las experiencias
pueden llegar a ser reiteradamente desalentadoras. No hace falta navegar
doce horas al día para averiguarlo, lo cual por otro lado no
es extraño, aquí llevamos un atraso sonado en términos
de e-infraestructuras, e-commerce, e-business y e-todo. De hecho, no
es que me sorprenda que algo no funcione en Internet, lo que me sorprende
es que ahora se inviertan cientos, miles, de millones de pesetas y
las cosas sigan sin funcionar. Es decir, se cuelguen, no existan, no
respondan, no reaccionen como garantizan, bloqueen el navegador, vayan
tan lentas que se arrastren o simulen funcionar correctamente pero luego
si te he visto no me acuerdo. Ante tal panorama se comprende que la
inmensa mayoría de la sociedad española siga anclada en
el mundo de los átomos. Esta es una agenda real como la vida
misma:
Domingo por la noche. Termino de ver una popular serie americana en
uno de los principales canales por satélite por los que pago
religiosamente cada mes. Al final de los créditos aparece una
dirección en Internet. Claro, me digo, recuerdo haber leído
que el nuevo portal de la plataforma quería emitir buena parte
de sus contenidos a través de la red. Me voy corriendo a probar
esa dirección, que por lo demás es sencilla y puedo memorizar
sin problema (dominio del portal, barra, nombre de la serie). Llego
a mi Mac, me conecto a la red, la escribo y
Page not found. Una
educada página del hosting que acoge los servicios de esa inmensa
plataforma, en inglés, me explica que tal dirección no
existe o que ya ha sido eliminada, me recomienda que vaya al dominio
y la busque desde la página home. Son amables, al menos dan ideas
alternativas. Unas horas antes había estado intentado enviar
mi segundo libro al director de la colección editorial que me
lo va a publicar sin tanto éxito. El servidor de correo de la
importante universidad catalana a la que pertenece la cuenta de correo
en cuestión me devolvía todos los mensajes desde el viernes
junto con una nota curiosa: No space left on device. A alguien se le
había acabado el espacio libre, dudo mucho que fuera al propietario
de la cuenta (por acumulación de mensajes sin descargar), puesto
que me había respondido el jueves con normalidad. Aquí,
sin embargo, no se daban alternativas al colapso.
Lunes por la mañana. Queremos comprar un producto de software
complementario para una herramienta de desarrollo. El distribuidor del
producto en España, comercializado por una importante empresa
norteamericana, no lo vende directamente. El producto sólo es
posible comprarlo en Internet. Perfecto, más cómodo aún,
allí vamos. Tras horas de infructuosos intentos la web en cuestión
nos rechaza el pedido. Parece ser que no acepta nuestra tarjeta VISA.
Llamamos por teléfono al distribuidor quien nos recomienda consultar
¡si tenemos fondos en la cuenta! Aunque sabemos con certeza que
los fondos están, llamamos al banco para comentarle el problema
y éste nos desvía hacia la empresa encargada de las transacciones
con VISA. Después de las consiguientes e inútiles llamadas
de ida y de vuelta volvemos a pasarnos por la web del producto y entonces
detectamos algo muy raro. La fecha automática que sale con el
pedido indica ¡1904!. Llamamos de nuevo al distribuidor y por
fin obtenemos una respuesta coherente: vaya, el servidor debe funcionar
mal. ¿Alternativa? Hacer una transferencia bancaria (con los
costes de la misma a nuestro cargo, claro).
Martes mediodía. Deberíamos haber recibido ya el producto
que compramos online a nuestro distribuidor de hardware. Hace una semana
y media celebramos el estrenos de su tienda online comprando un producto.
Lo celebramos, digo, porqué con la tienda online a partir de
ahora podremos saber con certeza cual es su catálogo de productos
(que aunque no estén catalogados como "para Mac" muchas
veces pueden servir. Ejemplo: los buscadísimos módems
externos de ADSL). Lo celebramos, también, porque se supone que
así podremos acelerar el proceso de realización del pedido
y, por lo tanto, de su recepción. La web parecía funcionar
bien porque en su día realizamos el pedido sin problema. Cuando
llamamos para averiguar a qué se debe el retraso nos comunican
que el pedido no ha pasado por todos los trámites necesarios.
Falta el de facturación para poder cargar y enviar el producto.
Nuestro pedido pues está congelado. ¿Y como se realiza
ese último trámite? Pues bien fácil, haciendo doble
clic en una barra que está al final de la página del pedido,
y que pasa de lo más desapercibida. La chica del otro lado del
teléfono se solidariza con nosotros. Por lo visto a todo el mundo
se le escapa el botoncito secreto la primera vez porque nada indica
que deba clicarse en él para finalizar el proceso de compra.
Por un momento nos imaginamos a este importante distribuidor con su
sistema de ecommerce bloqueado por miles de pedidos congelados de inocentes
clientes que jamás recibirán sus productos. Caos.
Miércoles y jueves siguientes. Acudo a ExpoInternet 2000 en Barcelona.
Ha crecido notablemente y parece bastante más animada que otros
años. No voy a extenderme en lo que hice a parte de lo de siempre:
pasarme por la sala de prensa para recoger dossieres y documentación
de la feria. El sábado, tranquilamente en casa, hice repaso de
las novedades que se presentaban y que no conocía: algunas comunidades
de intermediarios en ecommerce que te ayudan en la decisión de
compra o canalizan los mejores establecimientos de la web, centros de
recogida de opiniones de usuarios sobre productos o establecimientos
online, portales que te ayudan a encontrar la hipoteca más barata
o el proveedor de telefonía que más te conviene, y un
largo etcétera de proyectos más o menos ingeniosos con
nombres nuevos en España. Me sale una lista de una docena de
sites a los que no había acudido nunca. Me siento ante el Mac
y empiezo a probar. Sólo me funcionan un tercio de ellos. El
resto no existen o están en construcción. ¡Todos
ellos tenían stand en ExpoInternet!
Colofón: el domingo siguiente (es decir, ayer primero de octubre)
recibo un boletín de noticias explicando que Apple perdió
la mitad de su valor en bolsa el viernes anterior. Por una vez en mi
vida me entero primero de una noticia de Apple a través de un
medio español de información general antes que a través
de un medio especializado norteamericano. Aunque la noticia es demoledora,
siento que esto al menos es una prueba de la eficacia de algunos servicios
españoles de información pure-internet de la nueva era.
Rapidez y
precisión. Bueno, precisión no exactamente,
en el texto de la noticia se confunde a Steve Jobs con Steve Case (insigne
presidente de America OnLine). En fin, supongo que ya era pedir demasiado..
Publicado en
Macuarium y en Nuria OnLine el 1 de octubre de 2000